sábado, 13 de abril de 2013
Let it be in Ferrol
Renuncio a mi identidad a medida que renuncio a mi capacidad de decisión. Desde que llegué aquí me veo impulsado por fuerzas ajenas a mi que me llevan en una dirección o en otra. Está bien. Me encojo de hombros y dejo que mi apatia me guie. Es curioso como a Vicen esa apatía le resultaba preocupante. A mi, de acuerdo con su definición, me da igual. No considero que deba preocuparme el tomarme un periodo de vacaciones a los mandos de mi vida y convertirme en coopiloto en lugar de director titular de la orquesta de mis acciones.
Y en cambio sigo jugando. Sigo jugando a desviar la atención, produciendo ruido y realizando poses. Como dijera Oscar Wilde de las mujeres: si quiere saber lo que piensa, no escuche lo que diga, mire lo que haga. Al fin y al cabo nuestras acciones hablan por nosotros mismos y yo, ultimamente, dejo de hacer más que hago.
Una de las cosas que he dejado de hacer es el utilizar a otra gente para hacerme daño. Ya no coloco a algunas de mis amigas en situaciones en las que las obligo a lastimarme, para ver como lo hacen y tomar así una medida de su preocupación por mi. Que forma tan absurda y tan... femenina de hacer daño gratuitamente. En cambio, como ya he dicho anteriormente, sigo jugando a confundir, sigo manteniendome alejado. El Norte no te acepta. Puede acogerte, puede ser amable y preocuparse por ti, pero "no eres uno de nosotros". Esa sensación no me abandona y, bueno, ¿sabéis qué? Cada uno da lo que recibe y yo no voy a ningun sitio donde no sea bien recibido. Es ese contraste entre norte y sur, esa identidad tan definida pero a la vez tan excluyente, que no se comunica con la facilidad que esa ausencia de identidad, basada más en relaciones afectivas y personales que en identidades establecidas y firmes, indisolubles del individuo como parte de la comunidad, lo que me supone más problema. En cierto sentido, al igual que la espadachina, de pequeño debí elegir que ser. Elegí no elegir, pero esa decisión no fue aceptada por el tribunal y la vida, mis relaciones y mis experiencias me hicieron ser... y no ser. Así que deja que suene la musica, deja que el viento silbe y que todo esté muy lejos y yo esté, a la vez que no esté. La ausencia de decisión, la incapacidad de avanzar y de hacer nada... el ritmo rutinario, machacón, un paso detrás de otro hasta que el cansancio haga que dejes de sentirte los tobillos, es lo que me espera. Sea pues. Hoy es un día menos y, como dijera John Rambo, así viviré. Día a día. Día a día.
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