miércoles, 17 de abril de 2013

Hipotermia del alma


Hoy me he sentido bien. También he confesado que me siento muy solo. En un rato llamaré por teléfono a Cádiz. Esta noche me desperté a las dos de la mañana como si llegara tarde, activadisimo. Luego a las seis me arrastré como fango fuera de la cama, miré el reloj y soñé con irme de escapada a Gijón dentro de dos fines de semana. Me dí cuenta de que fantaseaba mientras me cepillaba los dientes y asumía que ni tenía dinero, ni ganas de conducir tanto tiempo. Luego vi en internet precios de somieres, antes de que las sesiones de atletismo de este curso me dejen en una silla de ruedas.
Como podéis ver, aún no me había puesto el uniforme cuando mi mañana ya vibraba de emociones. Sexo, drogas y rock and roll. Ou yeah. Pero luego el día no mejoró mucho y seguí con una rabia tremenda, para a medida que las horas se sucedían sosegarme y dejarme llevar, siendo un junco hueco. Om mani padme hum.
No siento nada. Me sorprende admirar un cuerpo femenino sin lujuria, devorar comida sin apetito, esforzarme haciendo deporte sin pasión, estudiar sin interés. ¿Será esto lo que siente uno cuando muere de hipotermia? Como poco a poco todo te va dando igual, todo te parece lejano y remoto, como si le pasara a otra persona. Que lejos está de ese joven Ale apasionado que analizaba cualquier cosa, tenía media docena de romances mentales al mes, se liaba a aprender idiomas, organizar partidas de rol, viajar por el mundo... quiero creer que más que una muerte por hipotermia estoy sufriendo una criogenización y que, proximamente, me meterán en el microondas y volveré a salir. Quizás con unas cuantas celulas mentales destruidas pero... las celulas mentales siempre han estado sobrevaloradas. Mientras tanto, camino entre la apatia y la rabia, entre impulsos hormonales y vacio existencial. Me pregunto si el amor platónico, meramente espiritual, es incompatible del ansia sexual y si, mientras cada uno de ellos describe su propia curva senoidal, será posible encontrar puntos en comun de forma que se estabilice en un sentido o en otro. Al fin y al cabo, ¿qué más da? Su sonrisa es una descarga electrica a mi corazón dormido, que durante unos instantes me permite recordar lo que soy. O quizás lo que fui.

No hay comentarios:

Publicar un comentario