sábado, 27 de abril de 2013

Time goes by...


Horas, días, semanas, meses. Años. ¿Qué más da? Se acumulan y caen, como arena en el reloj. Lo importante no es la unidad estandar de medida, sino lo que hacemos con la sensación. El tiempo físico es relativo, depende de la velocidad y la aceleración. Así pues, intentar usar una unidad de medida escalar para un aspecto vectorial no funciona. Es la eterna discusión que he mantenido con tanta gente, sobre si la percepción condiciona la realidad o es la realidad la que condiciona a la perfección. Y, como en la mayoria de cuestiones, la respuesta se dirige a ambas.

Dicen que el trabajo redime. Solo lo hace cuando uno lo disfruta. La visión del trabajo como tortura, esa visión tan católica de que la redención solo se obtiene a través del sacrificio y el sufrimiento, casi sadomasoquista, debe ser desechada. Prefiero esa imagen que tengo de la visión gozosa del trabajo de los protestantes, el trabajo redime porque satisface y de ese placer obtenemos la redención, que debe ser siempre algo positivo. Hace poco leí por algún sitio que la moral se reduce a placer y displacer. Lo que nos satisface es algo bueno. Dado que existen cosas en la vida que debemos hacer queramos o no, tenemos que intentar manejar ese displacer para convertirlo en algo positivo. O al menos intentarlo. No consiste en estar contento siempre, sino en que los momentos de tristeza no se perpetuen en el tiempo. Ahora mismo estoy en una fase de mi vida de apatia y tristeza, pasando por una espiral de introspección. No me divierto porque no salgo y no salgo porque no me divierto. Voy al trabajo amargado y el trabajo me amarga. ¿Como salimos de ese ciclo? Eligiendolo. Interiorizando. O en mi caso, prolongando el tiempo presente de forma que pase lo más rápido posible y volviendo al cauce de "tiempo real" cuando esto termina.

El deporte es necesario porque desestresa. Quizás a falta de otra cosa, el deporte funcione. Y efectivamente es así a corto plazo. Necesitamos hormonas. Necesitamos comer, dormir, ir al baño. Necesitamos reirnos y ejercitar musculos dormidos. Todo eso funciona a un plano terriblemente elemental, pero es que sin eso no podemos exigir planos superiores. En esto también es necesario un equilibrio. Si nos exigimos demasiado dejamos de disfrutar. El deporte es como un juego, cuando la competencia eclipsa el ocio... malo.

Pero eso depende de la persona. Yo me he dado cuenta de algo esta semana: cuando dejas de ser tu mismo, fallas. El error que cometí yo con mi enfermedad favorita fue decidir por ella. Yo, que presumo de no tener prejuicios, de aceptar a la gente tal y como es, de esperar que las circunstancias se despejen solas. Yo pasé por esa fase de mi vida de "ahora me toca ser un adulto" y me permití el lujo de decidir que era mejor para esa persona. Tenía que salir con un chico de su edad, yo me iba... interferí. Coloqué una valla para aislar a un animal y lo separé de la naturaleza. Y cuando dicho animal, yo, se despertó ya era tarde. No funciona. La soledad, la futilidad, la ausencia de romance que estoy experimentando es el precio que pago por no ser honesto conmigo mismo. Por actuar como creo que debo hacerlo, en lugar de como sé que debo hacerlo. Por estar, en lugar de ser. Y como le dije a Jose aquel día, tirandome a la piscina "cuando hacemos lo que creemos que es mejor, en lugar de lo que queremos, casi siempre la cagamos".

También quería comentar algo sobre el precio de la belleza. En estas ultimas semanas he hecho las paces conmigo mismo sobre el concepto de belleza. Antes, pensaba que para poder juzgar a una persona objetivamente tenía que aislar el componente de atractivo. Así podría decidir si era interesante o no, independientemente de que me la quisiera zumbar. Pero para poder hacerlo yo eliminaba el componente, por así decirlo "asexuaba" a la gente. Y que neguemos un hecho no deja de hacerlo real. Ese atractivo sigue estando ahí y condicionará nuestras reacciones. Hay gente que te cae bien por su forma de ser, simplemente. Tiene carisma. Y dicho carisma no lo considero un pecado mortal, así pues, ¿por qué castigar la belleza?
Por el estoicismo mal entendido. Por ese sadomasoquismo católico, neoplatonista, que dice que el mundo de las ideas está separado del mundo real por barreras infranqueables. Que tontería. El atractivo solo es otro factor más de la ecuación. En cambio entiendo el miedo de la gente a verse superado por él. Recuerdo a Aliusha diciendome que deseaba ser fea, para tener la certeza y la seguridad de que la gente se interesaba por lo que decía, no por su aspecto. "¿Me estás escuchando o solo estás mirandome los labios?". Que por cierto es una forma de darte cuenta de si alguien se siente atraido, cuando te mira los labios.
Volviendo al tema, existe un tiempo y un lugar para cada cosa y yo soy más estimulable por la mente que por los ojos. Yo me considero bastante transparente, pero el tiempo me ha demostrado que todo lo contrario, soy muy difícil de leer porque siempre estoy cambiando, y mis rasgos fisicos no ayudan. Así que lo voy a poner aquí por si alguien se lo ha planteado: tranquilos. Yo no pierdo el tiempo con idiotas, por muy guapos/as que sean. Lo que yo busco está dentro del engranaje que artícula tu lengua y da forma a tus ideas. Aunque a veces pueda quedarme hipnotizado mirandote, disfrutando del espectaculo.



Bueno, voy a dormir. Ya está bien por hoy, demasiada tontería en unos minutos. Ahora descansaré y mañana será otro día, de otra semana, de otro mes. A por ello ! 

No hay comentarios:

Publicar un comentario