jueves, 18 de abril de 2013

Bajistas de la vida


El otro día leí un artículo de esos que suelen escribir las mujeres a Cosmopolitan (me lo encontré en un portal de internet, no creáis que ando leyendo cosas raras ). Trataba sobre una grupie de los ochenta, la epoca dura del heavy, que había escrito unas memorias sexuales sobre como le había ido y separaba a los artistas según el instrumento que tocaran. Musical, panda de cerdos. Decía que los baterias eran gente ruda, que dentro de los guitarristas había de todo, que los cantantes eran estrellitas... todo muy topico. Pero me llamó la atención cuando hablaba de los bajistas, que decía que solían ser chicos timidos, retraidos, que necesitaban mucho backup emocional. Para los que no entiendan mucho de musica rock, el bajista es el que está al fondo del grupo, marcando el tono sobre el que se construyen las melodias, llevando el ritmo. No tiene una presencia tan vibrante como el bateria, pero al igual que él lleva el ritmo. Es un trabajador oscuro y gris, y los pocos bajistas dentro del rock y el metal que son conocidos son aquellos que realizan extravagancias o sacan los pies del tiesto.
Ya lo habéis adivinado. Toco el bajo. Lo elegí en su momento por llevar la contraria -todos querían ser guitarristas- y porque supuse que me sería facil encontrar grupo con él -todos querían ser guitarristas-. Es un instrumento que me gusta mucho, pero es una de esas decisiones que tomas que no sabes si están condicionadas por tu personalidad, o al contrario tu personalidad se construye en torno a dichas decisiones. Volviendo al bajo, me gusta su aspecto, grande y desgarbado. Me gusta su sonido, grave y reverberante. Me gusta su posición, al fondo, junto a la bateria. Me gusta estar ahí, opción de fondo y soporte.
Quizás sea ese el rasgo principal que me define. Un perro sin dueño, como escribiera Terry Prattchet, no es un perro completo. Es un animal domesticado por el ser humano y, al igual que el perro, yo necesito una manada. Quizás por cosas que me pasaron en la adolescencia, he adquirido una fobia a destacar. Pero me gusta estar ahí para apoyar a la gente. Me gusta que, cuando nadie más sepa hacerlo, dar un paso al frente y hacerlo bien. No me gusta la luz de los focos, no me gusta la atención desmedida, no me gustan las alabanzas. Me siento incomodo cuando hay demasiada gente pendiente pero, en cambio, me siento en mi papel siendo el hermano pequeño. Quizás esa sea de las cosas que más me gustan de ella, claro. Quizás por eso me siento tan comodo a su sombra. No es una doña Laura, que no puede evitar estar en la cabeza porque su propia condición de lider alfa la lleva allí, aunque a veces parezca sentirse perdida en la inmensidad del horizonte, sola en el liderazgo. Ella es otro tipo de persona, una de la que puedo aprender sin exigencias, sin presiones. Yo soy una persona que lleva muy mal los desafíos directos. Por un "no hay cojones" he hecho tremendas tonterías, probablemente debido a mi estupidez y carencia de miedo. Con ella no tengo ese problema, tengo esa seguridad de que sabe lo que se hace por los dos. Y de que no me va a permitir que me lastime por medio de ella.
Supongo que es mi naturaleza. Respecto a la pregunta implicita, creo que son ambas cosas. Tomamos decisiones influidos por nuestra naturaleza, y nuestra naturaleza se desarrolla y osifica en torno a dichas decisiones. Y parte de ello es el proceso de crecer y aprender.

Por ultimo y para que conste y surta los efectos oportunos, dejar constancia de que hoy ha sido un gran placer volver a hablar con Luis el del Tofiño. Y es que, como he dicho alguna vez, las decisiones irreflexivas que tomamos suelen tener consecuencias positivas. La vida tiene su propio ritmo y no hay que plantearse demasiado las cosas, simplemente disfrutar cuando nos viene algo bueno. Ya tendremos tiempo de lamentarlo más adelante.

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