miércoles, 17 de abril de 2013
El lado oscuro del estoicismo
A medida que un día sucede a otro y la monotonia se aposenta en mi espíritu, arrancando las ultimas briznas de luz que las vacaciones me incrustaron en el alma y volviendome más gris y más amargado, busco soluciones a mi problema. El estoicismo es la solución moral a la ausencia de felicidad, permitiendonos saltar por encima de la trampa mortal de la autocompasión y superar situaciones frustrantes. Al fin y al cabo el estoicismo tiene mucho en común con esa doctrina budista que nos dice que no debemos sentir para alcanzar la felicidad.
¿Cual es el problema? La ausencia de sensación produce una anestesia de los sentidos, de forma que realmente no vivimos, pero a la vez la anestesia viene provocada por un dolor que intentamos evitar. Y ese dolor que intentamos evitar termina siendo adictivo, de igual forma que la autocompasión nos induce a buscar siempre motivos que la justifiquen, la excesiva recreación en el estoicismo puede empujarnos a una busqueda del dolor que dé sentido a nuestra negación de la vida. Es algo que observamos en muchos místicos cristianos, como una religión tan basada en el martirio les dirige a una forma de vida terriblemente insalubre, casi sadomasoquista.
No quiero caer en eso.El objetivo de todo planeamiento de vida debe ser una estructura saludable que nos haga mejores. Más rápidos, más fuertes. O igual, pero satisfechos de nosotros mismos, de forma que nos veamos en el espejo y nos sintamos comodos con nosotros mismos, de forma que nos guste lo que vemos por las mañanas cuando nos afeitamos. Si no te levantas de un salto, sino que te dejas caer fuera de la cama, debes plantearte que hay algo que estás haciendo mal. Y probablemente la solución a tu problema esté dentro de ti, no a tu alrededor. ¿Como hacerlo? Esa es mi pregunta.
Y sigo escribiendo a impulsos de la lengua, en medio de un desastre de ruido y hormonas.
La solución pasa por cuidarse a uno mismo. Mimarse y desmitificar el placer. Ni darle demasiada importancia ni demasiada poca. Hay que reirse. Aquello de lo que puedes reirte es aquello que no te da miedo, y aquello que no te da miedo es lo que te hace libre. Si te enfrentas a una situación en la que tienes miedo de hacer el ridículo... hazlo. Haz el ridículo y supera la humillación. ¿Ves que no mata? Palos y piedras herirán mis huesos, pero las palabras...
Hay que celebrarse y dejar de rendir pleitesia al placer, para de igual modo evitar el culto al dolor. Asumir el fracaso como una parte natural de la vida. ¿Sale mal? Son cosas que pasan. Ya lo arreglaré. O no. Pero hay que seguir adelante, sabiendo que hay cosas que son importantes y cosas que no pero que, desde la suficiente distancia, incluso el choque de dos planetas es una colisión insignificante.
Hoy me dijeron algo que me dejó pensando. "No duermo porque tengo demasiadas cosas en la cabeza". Yo suelo hablar antes de pensar y contesté que esperaba que algunas de esas cosas fueran buenas. Soy un optimista sin remedio. Pero esas cosas que tiene uno en la cabeza... ¿Como liberarlas? ¿Como superar uno la presión que se pone a si mismo? Hay que disfrutar. Encontrar ese punto medio entre el hedonismo vacío de toda responsabilidad y el estoicismo vacío de toda diversión. A mi me coge demasiado lejos. Yo asumí, ya antes de volver a Ferrol, que lo que iba a encontrar aquí era "ora et labora", la regla monacal que dice que el tiempo del día se divide entre la oración y el trabajo, para gloria de Dios. En mi caso no sé si para gloria de Dios o para que los días pasen más rápidos, pero tengo clarisimo que todo lo que salga de mi objetivo (superar este maldito curso sin volverme loco en el proceso) es secundario. Pero no tiene que ser así para todo el mundo. Más bien al revés, le deseo a todo el mundo que pueda cumplir la segunda parte de la frase entre parentesis, que evite volverse loco. Que conozca el amor, la soledad, la tristeza, la alegria, la epicidad. Que crezcan en todas las dimensiones y les sirva para muchas cosas. ¿Qué sucede cuando un objeto sufre demasiada presión? Que se rompe. Así que, a la hora de tener demasiadas cosas en la cabeza, mejor hacer un agujerito y dejar que salgan unas cuantas. Liberarse de la presión, disfrutar de las pequeñas cosas y evitar la trampa de las expectativas. Ser nosotros mismos, con todo lo bueno y lo malo que tenemos y celebrar ambas cosas.
Y por supuesto, evitar la trampa del orgullo, como la trampa del excesivo amor por la tragedia. Lo bonito de la comedia y del drama es que son reacciones extremas, y en ellas nos liberamos de nuestros miedos. Sonríe. Adoro como lo haces.
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