jueves, 25 de abril de 2013
Between the hammer and the anvil
Siempre me pasa igual. Intento encontrarme en el punto intermedio y me doy cuenta de que no existe. En una esquina del cuadrilatero, una edad respetable, una actitud serenisima, una maravilla. Un vano fantasma de sombra y de luz, inalcanzable, imposible. Quizás una amistad, el día que consiga poner freno a mi admiración y comportarme como un ser normal "no-fascinado".
En la otra esquina del cuadrilatero, una niña, una actitud esquiva, una maravilla. El reflejo de un glorioso pasado, carece del principal defecto/virtud de mi recuerdo: la capacidad para evadirse de todo prejuicio y escucharse a si misma sin distorsión. No creo que quede una amistad allí, pues se ha tragado los chaff y va en rumbo divergente hacía no sé donde. Una pena.
Y al final, ¿qué me queda? La sensación del absurdo y la certeza, practicamente absoluta, de la exigencia de regionalismo que me impide adaptarme. No es la primera vez, ya la encontré en los Balcanes pero entonces la justifiqué en mi condición de extranjero. No es así. Voy a ser un extranjero siempre, allá donde vaya, pero existen lugares donde dicha condición me margina. El norte del espíritu, esa frase "tu no eres uno de nosotros". Curiosamente, soy más de vosotros de lo que creéis, pero no profundizamos. Confundimos los simbolos con su significado y dejamos que las costumbres, usos sociales creados para normalizar costumbres practicas, dictaminen lo que es practico y lo que no. Bebemos la letra de la ley y olvidamos el espiritu, incapaces de disfrutar de una pregunta.
¿Por qué?
Pero todo pasa. Ya queda menos para el tiempo de las preguntas, para la gente de la musica, para el espíritu de tiempos pasados. El hogar son los amigos. Esa gente que comparte contigo sin esperar nada a cambio, que no está, sino que es. En mi caso, ya queda menos para hundirme entre almohadas y olvidarme de la existencia, mientras afuera el sol brilla y a mi alrededor arden pestañas para... ¿para qué? Para justificar. Porque somos lo que hacemos, cuando no sabemos que otra cosa ser. Yo, como dijera el Robe, prefiero ser jefe indio. Gracías y buenas noches, que la fuerza los acompañe como a ese Moe, invencible sonrisa. Gracías por participar.
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