martes, 23 de abril de 2013
Elecciones
Toda elección, por naturaleza, tiene lugar entre como mínimo dos componentes. No sé porqué, mi vida ha insistido constantemente en colocarme en la tesitura de tener que elegir, cuando yo no quiero. Recuerdo cuando conocí a Raya. ¡ Cómo me fascinó ! Y el mismo día conocí a Radi. No quise prestarle atención, porque a mi Raya me suponía (y desde el recuerdo me supone) muchas cosas importantes y no quería complicarlo. Error. Radi era (y debe seguir siendo) una chica maravillosa que podría haber sido una de mis mejores amigas y un gran aporte en mi vida. Pero cuando se trate de elegir, yo suelo equivocarme.
O mejor dicho, porque equivocarme da por hecho que tengo una posibilidad de selección, como si hablaramos de Burger King y Mcdonalds. Suelo cometer errores de criterio y no tratar a la gente como se merece. Suelo no darle importancia a quién la tiene, suelo hacer un drama de cosas que no tienen ninguna importancia, suelo confundir el sol con las estrellas reflejadas en un estanque (lo siento, me encanta esta expresión). Hoy un compañero me ha pasado un refrán en alemán que me ha gustado mucho y dice algo así como "Kleine Ursachen, grosse Wirkung ". Pequeños motivos, grandes resultados. O como hacer una avalancha de una bola de nieve, lo que a veces es bueno y a veces es malo. Sigamos con mitologia. Se perdió un clavo. Como se perdió un clavo no se pudo poner una herradura. Como no se pudo poner la herradura, no salió el caballo. Como no salió el caballo, no surgió el mensajero y se perdió la guerra.
¿Un poco fuera de contexto? Bueno. En mi forma de ver el mundo, el clavo no es importante. La guerra estaba perdida antes de empezar así que... ¿para qué preocuparse? En cambio, si hacemos una gran historia de algo pequeño y eso nos afecta, nos estaremos equivocando. Es en el punto de equilibrio donde más comodos podemos estar, donde más somos nosotros mismos. Sin expectativas, sin presiones, sin miedo. Sin futuro. Simplemente disfrutando del tiempo presente e ignorando la certeza de que, tarde o temprano, el futuro caerá como un martillo de diez toneladas sobre nuestras cabezas. Pero ya arreglaremos eso cuando venga.
Hace tiempo, referido a un correo que recibí de una compañera, escribí que en todo encuentro entre hombres y mujeres se libra una especie de esgrima verbal. Entonces yo no tenía ni puñetera idea de esgrima -tampoco es que ahora tenga mucha-, pero ayer pude comprobar un ejemplo de ello. La esgrima, la danza, son artes que necesitan de una coordinación, de una sincronía. Si no existe ese ritmo, ese tempo, la magia no surge. Se podrá hacer bien, incluso muy bien pero nunca será excelente. Y los grandes artistas son aquellos que hacen las cosas dificiles parecer faciles. Yo no soy un gran artista. Solo soy un chico que ha leido mucho, que ha viajado un poco y que quiere aprender. Soy un novato en la danza, un bravucón que busca probarse y agita las espuelas, buscando aceros que encontrar. Las palabras... las palabras son mi magia, aunque a veces tu me dejas sin ellas. Y otras veces, en cambio, fluyen como el destello feroz y asesino de tu sonrisa.
Una vez más, no elegiré. No tengo elección. En esta fase de mi vida soy un tronco llevado por la corriente. Tomaré lo bueno que me dé la vida sin pedir nada a cambio, daré lo poco que tengo o lo mucho que soy y seguiré disfrutando del paisaje, intentando que no me duelan las piernas, minimizar el dolor y aprender. Porque aunque parezca mentira, detrás del escenario principal siguen pasando cosas y hay historias que podría merecer la pena contar, aunque solo se deslicen en el filo de navaja del borde de una sonrisa. Buenas noches, sueñen con mentiras
Sr Ale
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario