jueves, 25 de abril de 2013

Feeling tired


Noches alegres, mañanas tristes. Cuantas veces he escuchado esa frase, y casi todas con razón. Yo la he dicho unas cuantas. Según el Teorema del Equilibrio Universal (ese que dice que si te pasa algo bueno a lo largo de la semana el Cádiz C.F. empata o pierde ), después de la cuesta arriba viene la cuesta abajo. O según el segundo principio de Newton, por toda fuerza en una dirección y un sentido existe una fuerza de igual dirección y sentido contrario.
Resumiendo. Que estoy hecho polvo. Hay una parte física en mi cansancio emocional, claro. Pero no tanto. Esta mañana me sentía como aquella vieja frase que usó Vicen algunas veces: "No puedo escucharte, estoy ensordecido por el ruido que hace lo mucho que molo ". Esta mañana casi me caían bien mis compañeros y la escuela era hermosa, aunque la sensación de fondo era algo así como: "si para tantisima gente soy alguien especial... ¿por qué demonios no me siento así para nadie a mi alrededor?".
Lo cual es absurdo. Soy especial para alguna gente a mi alrededor. Joey, d. José, Carlos, Victor, Souto, Sauca... son gente que me tienen un cariño especial. Y ella. Ella, tan dulce y tan bonita, con esa forma de hacer las cosas. Esa facilidad para reducir todo al mínimo común multiplo, entrarle al nucleo y desechar todo lo demás. Para ella, a su estilo y manera, también soy especial. O quizás me lo hago, pero prefiero no preguntar por si acaso.
Hoy me han planteado una cuestión que me ha acabado de agotar. Hay un cumpleaños, ven. Y no vienes porque no te dejas, porque prefieres estar solo y triste a exponerte. Tiene razón, pero de una forma que no se imagina. Durante este año he aprendido a disfrutar de la soledad y a llenar las horas de minutos. Sobre todo he aprendido algo muy importante y es a no buscar justificaciones. Antes pintaba para distraerme, pero también pintaba porque tenía unos objetivos. Ahora no hay objetivos que me "obliguen" a nada. Yo decido, libre y consciente, consecuente. No pongo excusas. Si voy a nadar es porque quiero, si no voy a nadar es porque no quiero.
Entonces, si no me da miedo la libertad de mis decisiones, ¿qué me da miedo?
La perdida de dicha libertad. Me da miedo dejarme llevar por mis emociones, que siempre me pasa cuando estoy demasiado contento o demasiado triste. Me da miedo faltarme a mi mismo. No me dan miedo las consecuencias de decirle algo desproporcionado a alguien, sino la traición a mis buenas intenciones que puede ser el no saber "jugar" mis cartas.

Pero estoy cansado. Me compararon con una chica que elige estar triste y deprimida pero hay una diferencia fundamental, y es mi estoicismo. Yo no me quejo. Al revés, intento disfrutar de todo. Quizás si me quejara un poco más no me sentiría tan triste, no tendría este pozo de... apatia que lo inunda todo. Tengo un día libre la semana que viene y no se me ocurre nada que hacer. He renunciado a la esperanza de que algo digno de ser contado me suceda en esta ciudad, este pueblo oscuro donde un día sucede a otro y solo me quedan mis libros, mis muñequitos y, quizás, algún colega con el que hablar de cosas interesantes. Y dado que no tengo dinero para irme, seguiré hibernando bajo el sol de primavera, aunque prometen lluvia. Bien. La lluvia pega con mi estado animico, la lluvia me anima a dormir, a enterrarme en la nieve y soñar con tiempos mejores. Soñar... es lo que nos queda. Porque según la piramide de Marslow, una vez cubiertas las necesidades biologicas y de seguridad, surgen las necesidades de satisfacción y emocionales. Y esas no me las puede arreglar nadie. Vamos a ver que se me va ocurriendo en ese sentido porque, maldita sea, no quiero seguir viviendo una vida que se resuma en "tsé, todo bien. Como siempre, tirando".

No hay comentarios:

Publicar un comentario