jueves, 11 de abril de 2013
Fantasia
Sueño despierto o calculo dormido, y me sorprendo imaginando pecados junto a ti. ¿Cuando para evitar un delito contra una persona cometemos un delito nosotros mismos? ¿Qué justifica a la libertad la capacidad para renunciar a ella?
Me sorprendo de lo que pienso. Fantaseo con tus ojos, tus labios tus manos. Tu piel y tu sudor, que imagino salado y dulce, tentador. Tu voz suave y deliciosa, una caricia de seda que quiero oir en la intimidad de mi habitación. Tus dedos, que quiero besar uno a uno. Me pierdo ante la figura de tu cuerpo y mi mente se desliza por tus curvas como aceite por el suelo, que pierde consistencia a medida que se extiende y difumina...
Me vuelves loco. Me llevas al borde mismo y allí me detienes. O me detengo yo, porque no sé cuanto hay de tu mano en esto. Así de sutil eres, apenas una caricia de la mente, un susurro entre los árboles, un imposible.
¿En qué momento el amor platónico se desborda y el deseo lo destruye todo? ¿En que momento las posibilidades se convierten en hechos y el tiempo de las decisiones destruye el mito? A la luz del alba, todos los fantasmas se esconden y solo quedamos desnudos, nuestros pecados a la vista, las cicatrices de nuestra locura aun palpitantes, rojas, sobre la piel estigmatizada de nuestras almas ardientes. Demasiada pasión, demasiado frío, demasiada distancia, demasiada... demasiada vida para poder contenerla.
Y aún así contienes.
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