sábado, 13 de abril de 2013

Una sociedad sobresexuada


Ayer tuve un debate sobre la moral relacionado con el sexo. Hoy he tenido otro. En parte porque me los busco (me encanta polemizar), en parte porque la gente está demasiado concienciada sobre el tema, me pregunto cuanto de importancia real y cuanto de pose hay en las posturas que adoptamos respecto a este tema. Y si alguno hemos dedicado un momento de reflexión a plantearnos cuanto tiempo y energia aplicamos a la busqueda de algo que, según mi forma de verlo, está sobredimensionado.
Ojo, no digo que el sexo no sea importante. Pero, ¿realmente es tan importante? Superado el concepto dionisiaco elemental de placeres basicos (los del vientre), uno se plantea si no existirán otras cosas que lo amplien. ¿Qué entendemos cada uno como sexo? Para mi el sexo es una forma de comunicación, y por tanto es muy importante. Pero como toda forma de comunicación, no existe más que como medio para conseguir un fin. Para mi el sexo por el sexo no tiene sentido. Comprendo que para muchas otras personas tiene otras connotaciones. El sexo es poder. El sexo es afecto. El sexo es un objetivo. El sexo es... lo que queráis poner aquí. Lo que está claro es que, en conjunto, dedicamos un esfuerzo excesivo, según mi forma de ver, a dicha materia. Ultimamente parece que todo está referido con el sexo y todo queda condicionado por él, de tal forma que un simple "buenas tardes" adquiere significados profundos que se nos escapan. Y de repente el sexo pasa de ser un medio de comunicación a una barrera para impedirla, al salpicar nuestra vida de referencias, dobles sentidos, prejuicios y dogmas a los que debemos plegarnos. Como decía anteriormente, no podemos remar contra el entorno y esperar vencer, porque finalmente el entorno nos expulsará como un descastado. Que puede ser el objetivo de algunos de nosotros, quedarnos al margen, esa respuesta "no quiero participar", ese silencio altanero y despectivo, esa distancia. Pero desde la torre de marfil nuestras urgencias seguirán impulsandonos así que... ¿para qué hacernos daño a nosotros mismos? ¿Por qué no simplemente asumir que tenemos necesidades, muy humanas, y actuar en consecuencia? Pero asumiendolo como una parte más de nuestra vida. No veo a nadie a mi alrededor dedicar horas a pensar sobre comida, o sueño, u otras necesidades biologicas. Aunque ahora que lo pienso sí. Puede que sea un sintoma de nuestroa era el como las necesidades biologicas se han convertido en objetos centrales de nuestra vida, desplazando el espiritualismo (o la apariencia de espiritualismo) por un páramo biologico en el que todas las respuestas están condicionadas a nuestros impulsos animales. Y lo curioso es que esto sucede al mismo tiempo que se desarrolla la inteligencia emocional y se asume, cada vez con mayor naturalidad, que más allá del intelecto y del cuerpo existen una serie de conexiones emocionales, impulsos y sensaciones que nos forman y condicionan de una forma meramente cognitiva (si bien en algunos casos desde el subconsciente). Vivimos en una era de contraste, nunca las religiones han proliferado y se han comunicado con tanta facilidad y nunca ha habido tanta intolerancia real (más allá de la hipocresía) entre credos.
Así pues, el sexo puede ser ese tronco a la deriva al que nos agarramos en un mundo que cada vez nos da más miedo. Y quizás por eso me preocupa la visión del mismo que vamos teniendo, una visión que nos aleja cada vez más del sano estímulo entre dos (o más) personas y nos convierte en criaturas dependientes, mecanicas, vacias de toda pretensión elevada. Porque esa es mi preocupación. Que la banalización del sexo lo convierta en una farsa, como casi todo aquello que nos rodea.

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