jueves, 11 de abril de 2013

Creencias como Iglesias


El otro día me sorprendió algo. Estabamos comentando sobre sitios a los que viajar y un compañero nos comentó sobre Edimburgo. Comentaba que allí visitas una iglesia y, de repente, resulta que es un restaurante chino con su buda y todo. Por lo visto los protestantes de allí ( no sé si covenants, episcopalistas o sabe Dios qué ), consagran el terreno durante un periodo de tiempo. Pongamosle veinte años. Y luego ese edificio puede usarse para cualquier cosa, como quién privatiza una empresa pública.
Me sorprendió no por el hecho en sí, sino porque me resultara exotico. Como católico no recuerdo ninguna norma que prohiba usar una antigua iglesia para nada, pero me resulta extraño, porque no lo he visto. Y al pensar sobre eso hoy me he dado cuenta de que hay muchas creencias con las que nos sucede una cosa parecida. No las conocemos, no las hemos visto, y por tanto nos resultan exoticas y fuera de lugar. Y lo curioso de esto es que por mucho que vivamos, viajemos, conozcamos y experimentemos, siempre habrá algo que nos resultará nuevo y distinto. La actitud con que afrontemos dichos cambios, dichas nuevas situaciones, es lo que va a determinar nuestra capacidad para vivir aislados en una isla mental o abrirnos al mundo y recorrer caminos en todas direcciones. Así, a medida que vayamos descubriendo y aprendiendo cosas, nos irán pareciendo menos exoticas las nuevas creencias.
Ayer comentaba con una compañera que a veces me siento como si fuera un poco de todas partes, y a veces me siento como si no fuera de ninguna. La diferencia es si puedo o no integrarme. O dicho de otra manera, si me especializo o sigo siendo un humanista que sabe un poco de todo. Mi naturaleza tiende a la segunda opción. Lo mismo leo sobre el conflicto coreano que fermento hidromiel con un amigo que pinto muñequitos que intento aprender esgrima que filosofeo sobre correr. Y a su vez estoy más comodo con gente que piensa como yo, o que tiene una concepción humanista del mundo como Carlos, que con gente más localista. Creo que, a pesar de haberme educado como un decente chico católico en una escuela de monjas, el virus del nomadismo me entró de pequeñito. Y me alegro de que lo hiciera, porque así en lugar de "pertenecer" a una iglesia, puedo entrar en cualquiera y sentirme comodo. Como leí esta mañana, los caminos hacía la iluminación son infinitos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario