domingo, 21 de abril de 2013

Alcohol


Dulce veneno, entierrame en tu abrazo. Dame olvido, dame dolor, dame musica, dame silencio y oscuridad. Dejame perderme en tu negrura. Obligame a ser yo, besame sin piedad, entierrame entre las caricias despiadadas de tu lengua. Dibuja el compás de tu cuerpo en sincronia con mis oscilaciones. Perforame los ojos con tu belleza, hasta que me vuelva ciego, tonto, sordomudo. Embota mis sentidos. Sobrepasame.
Me muerdo la lengua y se derraman las palabras. Palabras, palabras, palabras. Siento que caen por mis oidos, que chorrean de mi cabello como sudor que se entierra sobre mi epidermis. Promesas imposibles, sueños de locura, delirios. El arroz al fuego y la cama que me saluda, incitadora. Busca victimas, sacrificalas al altar de tu lujuria, entierralas donde tu cuerpo nunca podrá encontrarlas. Deja que tu alma se pierda, nomada, por ese imposible campo lleno de trampas mortales (¿portales?) que es el mapa de tu psique. Sin lazarillo, porque podrías enamorarte de él. Podrías enamorarte de la vida, así que es mejor renunciar a ella y contemplarla desde las alturas del estoicismo. Si no lo miro no podrá hacerme daño, si no le presto atención dejará de existir. Da igual. Todo da igual, porque dentro del tiempo suficiente tu, yo, la humanidad, no seremos más que un sustrato de silicio (o quizás de calcio) en una pared de materia, probablemente carbono, sobre la cual algo se hará preguntas durante meses, años, milenios. Dejemonos ser un suspiro. Enterramonos y disfrutemos del vacío y de la nada. Sigamos, hasta no ser nada. Porque en medio de los ultimos acordes de esa guitarra electrica distorsionada, melancolica, una promesa que nunca llegó a materializarse, nuestros sentidos se embotarán y derivaremos hasta la orilla, ballena sin sonar, que cualquier criatura con ojos puede ver desde cincuenta kilometros (hola, vieja ciudad de Almeria, mi primer contacto radar, mi ultimo puerto de destino, viejo barco blanco tatuado sobre mi alma ), pero que tu golpeas implacable mientras todos a tu alrededor saben que está ahí. ¿Y qué te importa a ti lo que sepa nadie? La vida es un suspiro entre dos momentos imposibles, de un lirismo doloroso y tan prosaicos, tanto, que su misma simplicidad compleja hasta el infinito nos desborda. Una helice de ADN hecha de cuerdas de proteinas, un suspiro de mar, un sueño de la luna que se derrama sobre nosotros, como lagrimas de una estrella hechas de... ¿de qué?
De palabras. Palabras, palabras, palabras. Y cuando las estrellas se apaguen, tarde o temprano, también vendrás tu. A abrazarme en una sabana del infinito, de color azul, y recordarme que, como Ícaro, quise abrazar el sol y en su fuego me quemé. Y en tus ojos habrá lastima y pena, como la hay siempre, cuando todo acaba y solo queda el recuerdo de las historias compartidas, los posibles. Y si... pero los posibles no valen una mierda. Las posibilidades se las lleva la próxima marea mientras los recuerdos, esas historias, esos pecados, esos sueños cometidos a conciencia, con intensidad, maldad y alevosia, marcan nuestra alma durante generaciones y dan pie a historias que sacudirán el mundo.
Pero suspiras. Y en tu suspiro hay pena. "Si yo fuera... si yo pudiera... si yo sintiera... ".
Entierrame en alcohol, y deja que la marea me vuelva a sacar a la luz. Quemame en él, y haz un castillo de arena con mis cenizas. Pero sobre todo, no permitas que una historia se apague. Hazla arder y mienteme, pero no olvides abrazarme con el azul del infinito. Con el azul del imposible.

P.D: ¿De qué sirven cinco mil años de civilización, contra el aleteo de tu sonrisa?

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