jueves, 11 de abril de 2013
Y una gaita
Hoy recordé una cosa curiosa. Viene un poco a cuento de lo que nos contó la espadachina el sabado, sobre como tras pasar sus primeros años en Rota cuando vino a Galicia no sabía pronunciar la "ll". Tiene narices que, tras treinta años hablando gaditano y manejandome más o menos en cuatro idiomas, ahora descubro que hay una letra que no pronuncio. Lo que respondería a la pregunta de Elena la Griega sobre si los gaditanos pronunciamos la Ll o hacemos una Y.
El caso es que hoy he recordado algo curioso. Cuando yo tenía no sé si cuatro o cinco años, mi abuelo me compró una gaita. Yo la debería haber visto por algún lado y tenía curiosidad. Como yo era el niño de sus ojos, lo que le pidiera lo tenía. No sé cuanto le debió de costar la gaita y, la verdad, lo unico que recuerdo de esa parte de mi vida es mi sensación al coger ese pedazo de trasto y no poder coordinar. Me parecía grande e incomoda y no sabía donde soplar, donde apretar, donde... demonios. Aquello era como manejar un formula uno para mi.
Como ya he dicho, no sé que fue de la gaita. Supongo que se la regalarían a alguien. Lo que sí recuerdo es que, aunque en casa de mi abuelo siempre escuché gallego - mi abuela y ella se hablaban en ese idioma -, a mi me hablaban en castellano salvo que se les escapara. A mi no me extrañaba -siempre he sido dado a aceptar las cosas de la vida sin plantearme demasiadas preguntas, probablemente a raíz de lo de mi padre-, pero cuando llegué a la adolescencia recuerdo que quise que me enseñaran. Mi abuelo nunca estudió idiomas y le costó una vida aprender a escribir, así que no sabía muy bien como hacerlo aunque lo intentó. Entonces no había internet, ni movidas, así que no teniamos como y enseguida lo dejamos. Recuerdo que cuando yo le comentaba que era maravilloso hablar otro idioma él me decía: "Hombre, todo lo que se sabe es bueno y no está de más. Pero el gallego fuera de Galicia no te sirve para nada. Mejor sería saber un idioma que se hable en otros paises, porque con un gallego siempre podrás entenderte en castellano".
Mi abuelo era un hombre de pueblo y un hombre de mar. No había tenido más remedio que navegar toda su vida, aunque a él lo que de verdad le gustaba era trabajar en el jardin o en el campo, sentarse al sol, disfrutar de un churrasco o de un vino con los amigos, jugar a las cartas. Era un hombre sencillo con ambiciones sencillas, como suelen serlo la gente de aquí. Y en cambio, me enseñó algunas verdades universales que he llevado conmigo por todo el mundo.
Como ya he dicho antes, no sé que fue de esa gaita. Quizás si hubiera aprendido de pequeño a tocar la gaita, mi abuela me habría convencido de que Galicia es lo mejor del universo y que fuera de aquí no hay nada que merezca la pena. Pero supongo que mi torpeza me condenó, o me salvó, y me hizo parecerme más a mi abuelo. Hoy en día todos estamos locos con el nacionalismo, la religión, el fútbol o cualquier otra cosa que nos dé una identidad y nos permita envolvernos en una bandera, y un niño en Cádiz que le pide a sus abuelos una gaita para aprender a tocarlo seguro que está envuelto en un simbolismo poderoso e inevitable. Lo más seguro es que tarde o temprano alguien llamara a un psicologo. Pero entonces, como ahora, yo lo unico que vi es una sana curiosidad por el mundo y su historia. Por quienes somos y de donde venimos. Y hoy, como entonces, reconozco en mi rasgos gallegos por herencia y rasgos andaluces por asimilación. Y rasgos brasileños, y alemanes, y vascos, y eslavos, y mediterraneos, y de cada sitio donde voy, de cada amigo que hago, de cada parte que asimilo y la incorporo a mi album de fotos y me enriquezco. Y si pudiera, compadecería a esas pobres almas que se creen que el mundo es una gaita, porque viven en un solo color en un mundo que tiene infinitos. Pero no me dan pena ninguna, porque esa gente son los que luego le pegan fuego al mundo. Así que que os vayan dando. A uds y a vuestras puñeteras gaitas.
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