lunes, 29 de abril de 2013

Me acompañan los fantasmas


Es en estos momentos, cuando me siento tranquilo entre un problema y otro, cuando me doy cuenta de lo que he cambiado y de lo que estoy cambiando. Tomando un té, mirando de reojo el hidromiel casero, me doy cuenta de como ese Ale, huerfano de padre y madre cuando se murió Jose, va encontrando su sitio poco a poco.  De como me configurando en base a lo que fui y a lo que soy, a lo que encuentro y a lo que tengo. Y mientras lo hago, mirando por el retrovisor, recuerdo, pienso y sonrío. Porque lo bueno de ir por la vida tomando apuntes es que siempre puedes acudir a ellos ante la duda.
Eva me había pedido dos cosas. Que intentara ganarme la vida escribiendo y que me fuera a vivir solo. Esta semana hago un año viviendo solo. Y voy entendiendo los silencios de Eva, sus necesidades de espacio, sus inquietudes. También voy entendiendo porqué mi madre a veces decía que pasaba de salir, que en casa estaba bien. Y voy aprendiendo que luchar contra nuestra naturaleza es enfrentarnos a molinos de viento.
Es un camino duro. Demonios si lo es. Y ahora que pasa la ola de mi cumpleaños y vuelvo a disfrutar de mi soledad recuerdo a mujeres. Recuerdo a las que me hicieron y a las que estuvieron ahí. A aquellas que hice sufrir, a veces queriendo y a veces sin querer, y a aquellas que me devolvieron el favor.  A aquellas que fueron grandes historias y a esas otras que solo fueron grandes fantasías. En el fondo, siempre sabemos lo que queremos. El problema es que nos dejamos distraer por el ruido y dudamos. A veces ponemos excusas. "No, es que ella tiene... ", "No, es que ella parece que...". Al final todo se reduce a una decisión y una pregunta. ¿Sí o no? Y la respuesta es tan fácil como lo que sientes. Dudar es negar. Y reprimirse es absurdo, porque todo lo que escondamos dentro de nosotros muere. Es mejor tener un intento de gran historia y que quede en eso, en un intento, que comerse por dentro.
Pero yo hablo desde el pasado. Hoy me he reído mucho y a veces juego, porque no puedo evitarlo. Voy a tener quince años toda mi vida, supongo. Es una de tantas mascaras que me pongo para esconder que estoy solo, que estoy asustado, que estoy aburrido. ¿Y qué más da? En un momento dado todos estamos así. La vida, realmente, incluye enormes espacios en blanco que voy descubriendo ahora. Lo importante es asumir que esos espacios en blanco vendrán e intentar aprovechar lo que hay en medio. Disfrutar de nuestra historia. Aunque, en noches como hoy, sea una historia de recuerdos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario