sábado, 6 de abril de 2013

Pecado de elegancia


Aquellos que me conozcan sabrán que no soy la persona más moral ni etica del mundo. Más bien todo lo contrario, soy tendente a defender que cada uno haga lo que mejor le parezca, siempre y cuando esté dispuesto a asumir las consecuencias, en lugar de escudarse detrás de normas morales impuestas por el conjunto de la sociedad al individuo.
Pero bueno, cosas que pasan. Estoy leyendo a Nietzsche y me recuerda que la vida no tiene sentido. En cambio la belleza justifica muchas cosas. Entre otras justifica una multitud de pecados, pero hay uno que no acabo de perdonar. El pecado de la falta de elegancia. De la falta de saber estar, de la perdida de clase, del lugar. Del respeto a uno mismo y el obligado respeto a los demás. Como suelo decir, si eres capaz de hacer algo sin que salpique y eso te va a resultar placentero, hazlo maldita sea. Lo de las consecuencias morales, el juicio en la otra vida y etc etc está bien para aquellos que tienen miedo a vivir y necesitan justificarse. El respeto a los demás empieza por el respeto a uno mismo.
Esto viene a cuento de como alguna gente nos pone en el compromiso. De como, con su comportamiento fuera de lugar, nos obliga a tomar posición. A nosotros, que estamos tan tranquilos en nuestro mundo, sin molestar a nadie e intentando que nadie nos moleste. Finalmente la vulgaridad del mundo nos obliga a decidir, nosotros que preferimos no decidir nada. Y por supuesto eso es molesto.
Otra reflexión interesante que acabo de leer es como el vulgar desprecia al noble, buscando un justificante. Cambien los sustantivos por otros que sean de su agrado (a mi particularmente estos no me gustan) y verán como lo que he leido tiene un sentido atroz. Es lo que decía el otro día, como una persona que no conoce la fé no podrá entender a aquel que la tenga, al igual que la confianza. Esto no es ni bueno ni malo, porque la bondad y la maldad en si mismas son relativas y por tanto dependerían del contexto. Esto es un hecho, pero me gusta recalcarlo para subrayar aún más mi diferencia con mi entorno habitual. Hoy ha sido un buen día. He estado con gente interesante, he hablado de cosas curiosas, he compartido historias, nos hemos reido. No somos parte del grupo, aunque hay una parte de mi a la cual le gustaría serlo, pero eso tampoco es ni bueno ni malo. Simplemente es un hecho y asumirlo, así como asumir que todo cambio nos asusta pero, una vez superada la fase de incertidumbre, volvemos a encontrarnos comodos, es bueno. Porque nos permite creer que vendrán tiempos mejores.

Un saludo y, por favor, haced las cosas bien.

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