sábado, 15 de marzo de 2014

Algunas cosas no admiten equivalente

Every morning I am broken,

every night I die.


Caa mañana estoy roto,

cada noche muero.


Así empieza "Demasiado Corazón" de Willy Deville, un artista maravilloso recién descubierto debido a un prejuicio absurdo sobre que era demasiado "mainstream". Que cojones. Decía Bertolt Brecht que el arte bueno SIEMPRE es comprensible.

¿Y qué tiene que ver esto con lo que he puesto en el titulo? Eh eh, sin prisas. Es sábado y por fin he cambiado de ritmo. Cada sábado resucito, veo el sol y me planteo en que debe consistir mi vida. Cambio el ritmo, mando a la mierda al reloj, los compromisos, las expectativas de la gente. Salgo del circulo animal de "necesidad/satisfacción" y me planteo mis deseos, mis metas, mis fantasía. Me río un poco de todo. No como medio de defensa contra la agresión del mundo, sino como alegre manifestación de que estoy vivo, y que me gusta.

Cada lunes empiezo a morirme. Me muero despacito, como las plantas a las que no les da el sol. Me muero de falta de tiempo para mi mismo, de falta de capacidad para tomar decisiones, pero sobre todo, me muero de falta de exposición a mi mismo. De como las constantes presiones, unas cuantas externas pero la mayoría internas, sobre qué debo ser y como debo actuar me obligan a configurarme. Es como meter el pie en una plantilla que te está forzando constantemente y no te permite respirar. Llego al viernes con dolor de espalda y el cuello por la tensión, con falta de sueño por la ansiedad, con el estomago descompuesto. Llego al viernes como el que cruza la linea de meta, sin aliento, y necesito que me aplaudan, que me den un abrazo y me pongan una copa en los brazos. Aunque sea mentira.

 Y ahí entramos en el titulo. Porque hay copas y copas, como hay mentiras y mentiras. Uno puede engañarse a si mismo con objetos... pero no con personas ni con sensaciones. En nuestro interior, SIEMPRE sabemos lo que queremos, lo que sentimos, lo que podemos dar y, si somos despiertos y conocemos a la gente que tenemos delante, lo que podemos recibir. Y ya es cuestión de evaluar y decidir. Existe gente, como yo, para la cual la comida es comida y da igual. Y existe gente que puede distinguirte si la carne es de ternera joven o vieja y no admite cambios en ese sentido. Yo para algunas cosas también soy muy exquisito, porque tengo una forma de ser muy particular, muy romántica y muy cínica, muy deformada por años de plantillas emocionales. No me gustan las etiquetas, así que no clasifico a la gente en "conocidos, amigos, algo-más", sino que cada relación es individual e intransferible y no se compara con las demás, porque tienen sus propias dinamicas y costumbres. Cosas que con un amigo ves como perfectamente normales (Luis, llega puntual alguna puta vez, cabrón), con otros te chocarían (¿Te ha pasado algo Ale? Joer, cinco minutos). Pero, si bien esas "costumbres" por así decirlo son constantes, las necesidades no. Y para algunas cosas yo necesito a gente con la que, si, bueno, parece que puedo contar, y a veces necesito a aquellos que, Wenn alle untreue werden, bleiben wir uns treu (cuando todos se vuelvan infieles, nosotros permaneceremos fieles). Y aquí es cuando se complica la cosa.

Toda persona que conocemos existe en dos "planos". El concepto "real" y objetivo de esa persona, como es para todo el mundo, y el concepto "personal" y subjetivo, o lo que nosotros percibimos de ella. Ya para acabar de liarla, a su vez esos dos planos existen en cada persona. Como ella es de forma objetiva y como ella se percibe a si misma. En el caso personal, las dos partes serán más parecidas dependiendo del conocimiento interno que tenga de si misma, su falta de miedo a la hora de reconocer sus defectos, sus prejuicios, su formación emocional. Todo eso va a hacer que sea y crea que es lo más parecida posible a la realidad.

¿Como funciona la primera? Eso es más complicado. Lo que es y lo que nosotros percibimos depende, sobretodo, del lenguaje. Ya sé que insisto mucho en el tema del lenguaje, pero no es más que la traducción de conceptos a símbolos. Y esos símbolos son la base sobre la que nos comunicamos. Si para mi la amistad significa una cosa y para ti otra, vamos a tener problemas para establecer las clausulas básicas del contrato de amistad. Que no deja de ser eso, un acuerdo entre personas. Que doy. Que recibo. Que comparto. Que puedo esperar. Que se supone de mi. Todas esas cosas se negocian y se van compartiendo, se van ajustando poco a poco. Pero cuando se comparte un lenguaje común es MUY fácil. Hay pocos casos, pero existe gente con la que al cabo de un par de horas de conversación sé que tengo algo grande. Porque nos entendemos con toda naturalidad y la comunicación, la energía... fluye.

A veces eso no pasa. Y tiramos de equivalentes. Pero el problema con los equivalentes es que no se les puede pedir lo que a los verdaderos. Si tienes pantalones marca "Adihash", que los venden con cuatro rayas y cuando se lo comentas al gitano te arranca una ahí mismo y ya está, autentico del tó, es posible que se te vayan las costuras en sitios que, con un original, no te pasa. Y entonces viene el crujir y el rechinar de dientes, las recriminaciones, el yo soy así, el pues esto es lo que hay... etc etc.
¿Y de quién es la culpa? Del consumidor, claro. Que no es consecuente con sus actos ni responsable.

Y ahora hablemos de otra cosita más. A propósito del lenguaje. Ayer ya hablé bastante sobre la confianza y el respeto. Hay dos cosas muy diferentes entre el respeto y la confianza. El respeto que damos a los demás depende del respeto que nos damos a nosotros mismos y no debería variar mucho si queremos ser consecuentes. Yo no insulto a nadie a gritos en medio de la calle. Algún día se me puede ir la cabeza y hacerlo, quien dice que no, pero sorprendería a mucha gente. El respeto se basa en la máxima cristiana de "trata al prójimo como a ti mismo". A veces cometeremos errores. Como decía un colega ayer, en algunas culturas dar un cabezazo es una señal de respeto. Y algunos de nosotros, debido a viajar un poco, a tener relaciones y colegas de medio mundo y a haber pasado mucho tiempo aislados, tenemos una percepción de los usos sociales un poco distorsionada. Por eso yo tengo siempre una disculpa en el bolsillo, porque sin darme cuenta atravieso muchas vallas y me veo pisando la hierba de otra gente.

La confianza es otra cosa. La confianza depende de cada persona y es uno de los atributos del elemento "relación" que definí antes (hoy estamos hablando de programación orientada a objetos. Oh sí. Os gusta, ¿verdad perrillas informáticas?). Es un elemento que varía constantemente, que fluye, pero la parte más constante se basa en nuestro conocimiento de la persona que tenemos delante. Conocimiento variado constantemente por nuestras ideas preconcebidas y nuestros prejuicios. Si no conocemos a la persona que tenemos delante, o si la información que tenemos no nos parece fiable... entonces estamos jodidos. Estamos pisando terreno inestable. Podemos perderle el respeto a una persona si la confianza llega a números negativos, dejando de considerarla "persona" y por tanto sujeta a las garantias y derechos mínimos, pero en muchos casos esa perdida de confianza y de respeto será nuestra. Por no haber hablado claro, por no haber compartido, por haber dejado que nuestros prejuicios se pusieran en medio.

Por supuesto, nada de esto hace falta cuando todo va bien. Pero la vida no siempre va bien. Si vis pacem, para bellum. Si quieres paz, preparate para la guerra. Y la mejor forma de prepararse para la guerra es aprender a abrir los ojos, conocerte a ti mismo, conocer el terreno y saber moverte por él.

Y eso es to, eso es to, eso es todo amigos. Gracias por perder el tiempo leyendo hasta aquí. 

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