miércoles, 5 de marzo de 2014
Pais de oportunidades perdidas
Dicen que, cuando el sabio señala la luna, el tonto mira el dedo. Casi todos los días puedo aplicar esa frase a algo en mi vida. Hoy ha tocado a las oportunidades desperdiciadas.
Que triste gente. Cuando algo no funciona, lo que hay que hacer es arreglarlo. Lo que hace la mayoria de la gente es buscar al culpable. Y una vez lo encuentra, o se cree que lo ha encontrado, se sienta a dejar que pasen cosas. Y así nos va, claro. Con rabia acumulada, rebosando por las esquinas, acumulandose en pozos oscuros y mirandonos atravesada.
¿Y en que pienso? Yo en este momento estoy recordando el monasterio de Silos, hace casi un año. Recuerdo habernoslo planteado, aquel día que en Burgos vimos un monasterio y Jose dijo aquello de "la gente dice que soy arrogante. Pero eso es un topico. ¿Tu crees que yo soy arrogante?" y le contesté aquello de "¿Debe el león disfrazarse de cordero?", que según me decían el otro día aparece en el Así habló Zaratustra. Interesante.
Lo dicho. Mi mente vuelve al monasterio de Silos. El canto gregoriano nunca me impresionó y para mi el Monasterio era aquel lugar en el paramo castellano donde mi madre fue de viaje de Bachilller, con dieciocho años. Mi madre fue en el año 75, con dieciocho añitos. Yo fui en el año 2013, y creo que por la misma carretera, que no había sido arreglada en ese tiempo. Madre de Dios. Casi hora y media para hacer cuarenta kilometros.
Pero mereció la pena. Una vez llegamos allí, tras aparcar y dar una vuelta por el pueblo -que son dos calles largas, basicamente- fuimos al monasterio. Pagamos la entrada guiada y nos fueron explicando la evolución del monasterio a través de las columnas del patio. Fue fantastico asomarse a ese mundo de espiritualidad y trabajo, de retiro tranquilo. Cuando salimos, veiamos el paisaje con otros ojos. Iban a oración los monjes y pudimos escuchar a lo lejos sus canticos mientras nos alejabamos, antes de que nos cogiera una tormenta terrible y la noche en el camino a Madrid. Y recuerdo que en esa, como en tantas ocasiones, le di las gracias a Jose por asomarme a una parte del mundo a la que yo, normalmente, no me habría asomado.
Lastima que la mayoria de nosotros no tengamos la mente tan abierta y esa capacidad para aceptar las cosas como vengan. Lastima que sigamos buscando el dedo, en lugar de recrearnos en la contemplación de la luna.
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