viernes, 21 de marzo de 2014
Huellas sanguinolentas
Me llevan a lo que soy desde lo que fui. Contemplo el acantilado, siento que el viento rompe y me arranca el pelo. Tengo algo en los ojos. ¿Sal? ¿Arena? No sé. Quisiera llorar y no puedo. Quisiera volar y no puedo.
Me alejo de las rocas. Quizás en otro espacio y en otro tiempo me tiré y, durante unos segundos, volé. Antes de ser comida para peces. Pero hoy no me siento con ganas de ser comida de nadie. Hoy me siento sobre la hierba y me cubro con el poncho y quiero ser una piedra más sobre la hierba. Quiero volver al vientre, escuchar el latido del corazón. Bum bum. Bum bum.
¿En qué momento perdí el camino? Yo fui un perro de mar. Cuando nadie miraba, fui un lobo de sonrisa llena de dientes. Llevé un cinturón de recuerdos. Y ahora miro la laguna, como llaman a la eternidad, de la ausencia. Y detrás de mi quedan huellas ensangrentadas y muy, muy pocos recuerdos. Apenas un par de abrazos que saben dulces, el regusto amargo de la cerveza en el fondo del paladar y las posibilidades, el abanico infinito de posibilidades. ¿Y qué le importa a nadie?
Vuelvo al acantilado y miro abajo. Quisiera volar...
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