viernes, 7 de marzo de 2014
Requiem por un pony
Era la crónica de una muerte anunciada, claro. Son cuestiones ciclicas. Cada cierto tiempo debe haber amor, para que luego haya odio y finalmente indiferencia. Lo curioso es que vamos cambiando. Yo ya no soy el que era. Ella tampoco la que fue. Hace dos años descubrí mi incapacidad para comunicarme con las chicas que cocinan tartas los domingos. Hace un año y medio le dije que casi mejor que no intentara coger una mochila y caminar a mi lado.
Bueno, yo he aprendido, mediante la Jefa, a respetar a las niñas que cocinan tartas los domingos y a entenderlas. E incluso a hacer mi propio espacio de cocinado de tartas. Con Rali he aprendido a darle una oportunidad a la vida, y con Carol a escucharme a mi mismo y no intentar forzarme. Ha sido un año de aprender muchas cosas.
Ella también ha aprendido algunas. Ha pasado frio y hambre, ha cogido la mochila. Y en cambio, seguimos comunicandonos, con esa mezcla de discusión de niños pequeños y empatia, con cariño. Es lo suficientemente inteligente como para que podamos comunicarnos, lo suficientemente mala como para que merezca la pena, lo suficientemente carismatica como para no desmerecer a mi lado. En cambio, ella me ve como una especie de hermano, y ha dejado de ser la princesita para convertirse en My little pony.
Pero sigue siendo un mal negocio. Al igual que Deivid o Ivan, o que Mr Rabanal o que Joey, es de esas personas que solo me tienen presente cuando no hay un interes romantico más acuciante, alguien a quien querer o por quien ser querido.
No me vale. Sus sobras no me satisfacen.
En cambio, es alguien tocado por la musa. Sabe escribir, sabe pensar, sabe hacer pensar y sentir. Eso la hace interesante. Pero...
Pero.
Iba a celebrar un fake San Valentin. Pensaba vestirme bien, hacerla vestirse bien, cenar algo romantico en una pizzeria. Ir a la playa de noche y contarnos cuentos, despedirla en la puerta de su casa con una reverencia. Me encantaría entrar en el teatro del brazo con ud, sonriendo a la gente y jugando a tener mucha clase, algo que se me da demasiado bien. Me gustaría echarte una mano en la cocina y verte envenenarte estudiando cosas con cincuenta colorines mientras yo pinto muñequitos con cincuenta colorines. Me gustaría darte un abrazo de verdad y descubrir a que sabe un abrazo tuyo de verdad.
Pero. En la navidad de dos mil siete quedé con una amiga mía, argentina. Hacía años que nos conociamos, hacia años que tonteabamos. Compartiamos habitación en un hostal. No contaré más, pero debió pasar y no pasó.
Pero. Mi archienemiga es argentina. El miercoles pasado me llamó por teléfono y hablamos. Al día siguiente enfermé. Siempre me trae mala suerte esa chica, pero es logico. Es una de esas personas que no aportan nada a mi vida, pero siguen ahí porque son un buen recuerdo de otra epoca, como la alemana.
Y al final, lo que queda es lo de siempre. Una oportunidad desperdiciada, porque cojemos el camino facil. Y yo me aburro. Me aburro de intentarlo, me aburro de jugar y lo unico que quiero es que me dejen en paz y pasar de todo.
Pero.
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