jueves, 27 de marzo de 2014
Hacía un mundo sin caras
Ayer leí un texto interesante, muy coelhano, sobre como estamos convirtiendo los gestos en emoticones y como, en el cambio de ritmo, si una chica no te manda un mensaje en un día es que no te quiere. Es curioso porque yo también he experimentado esa ansiedad, esa inseguridad.
Y me niego. Hace un par de semanas vi, en primera persona del singular, como un problema de dos semanas por whatsapp se arregla en veinte minutos de conversación por telefono. Delante de un café, probablemente serían cinco. Y no estoy incluyendo sexo, pillines.
También ayer me recordaron cosas importantes de la vida. Cosas que hay que decir, cosas que hay que reconocer. Ayer se me acercaron con el corazón abierto y me he asustado. Porque vivo en un entorno de circunstancias, porque todo pasa, porque nadie es sincero. Y de repente algo así te golpea en la cara... y es como si apareciera el rostro de Dios ante tí. Aún hoy estoy sobrecogido.
Porque realmente es así. Me niego a asumir el carril por el que quieren llevar mis relaciones personales. Me niego a aceptar la defragmentación social en la que nos hacen vivir, para que seamos más manipulables y más fragiles. Pero cuando el entorno no ayuda... no puedes construirte tu tribu con gente que se te escurre entre los dedos, buscando una nota, buscando un polvo, buscando dinero para el coche X o la inevitable necesidad Y.
Yo, que tanto he hablado de lenguaje, reconozco que tengo graves problemas de comunicación. Que, debido a mis experiencias (a haber estado remando contra corriente casi desde que nací y a todo lo que he aprendido viajando, leyendo, preguntando), mezclo lenguajes, intercambio impresiones. Juego a confundir y me gusta. Porque no quiero seguridad, no quiero certidumbre. El otro día leí en una novela de Eriksson "nunca temas la contradicción, es el corazón mismo de la diversidad". Y la diversidad es riqueza, en todas sus formas.
Pero no nos vale cualquier tipo de diversidad. No nos vale aparentar: hay que ser. Y para ser hay que meterse debajo de la piel, hay que interactuar, hay que compartir. No vale con obligar, no vale con imponer. Estamos muy mal acostumbrados a "este es mi punto de vista y debes respetarlo". No. Debo respetar tu derecho a emitir y defender tu punto de vista. Pero, si no estoy de acuerdo, lo que debo hacer es rebatirlo, ampliarlo, modificarlo. Si eres alguien importante para mi, vamos a hacer algo mejor juntos. Y si no lo eres, sigue por tu camino, a mi no me interesa.
Ayer me recordaron a gente importante. Me recordaron que hay cosas que hay que decirlas, aunque cuesten, porque puede que nunca más seamos capaces de decirlas. Arrepentirse es algo terrible. Yo solo me arrepiento de una cosa que he hecho en los ultimos diez años y estoy haciendo todo lo que puedo por arreglarlo. Ese error, fruto de mi inseguridad, de mis circunstancias, de mi miedo... me ha hecho sufrir muchisimo. Y ayer me dieron la oportunidad de arreglarlo. Podéis creer en Dios, el Karma, el Destino, en Paulo Coelho o en los Unicornios. Pero yo estoy agradecido. Porque puedo vivir en un mundo donde hay caras, aunque el resto de la gente decida conformarse y ver solo lo que le dicen que vean.
Cada vez esto parece más la dichosa caverna de Platón.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Quizá estemos perdiendo el norte, sí. Pero dé detalles, hombre, dé detalles.
ResponderEliminar