viernes, 21 de marzo de 2014
What is wrong and what is right
Me he despertado con una sonrisa de lobo al lado, sabiendo que la luna está en algún lugar más allá del horizonte, pero que pronto se escapará. Y que como decía Buda, por cada día que nace empieza una nueva historia. Sabiendo que en algun sitio hay una zanahoria que me impulsará a moverme, que quedan cuentos y canciones, que quedan paisajes (algunos hechos de palabras, otros hechos de personas, otros hechos de lugares), que hay vida más allá de esto. Que solo hay que sacar la cabeza del cubo y mirar a izquierda y derecha.
Uy, se me olvidaba. Al final hice lo que debía. En el fondo, nosotros siempre sabemos lo que es correcto y lo que no, lo que queremos y lo que no. Eso decía un profesor de derecho que nos daba etica y no le faltaba razón. El problema lo tenemos con sociopatas como yo, que nacemos con la idea de "hacer lo que sea necesario", lectores de Nietzsche y Maquiavelo, que una vez atravesada determinada linea ya no miramos atras.
El caso es que le di un regalo a una persona. Con el tema de los regalos existe un problema: las emociones tienen su propio lenguaje, personal e intransferible, que no entien de valores absolutos. Ahora estoy pensando en el enfado de esos padres que se gastan cuarenta euros en un juguete, para que el niño se ponga a jugar con la caja. Pues una cosa así. Para algunas personas, un regalo es valioso en tanto y en cuanto puede ser interpretado como un tributo, un exvoto, un simbolo de sumisión. Precisamente eso es lo que lleva a algunas personas a renunciar a hacer ese regalo. En cambio para otras personas no significa nada, es solo un gesto, como puede serlo un abrazo. Algo que demuestra cariño, pero poco más. Esto funciona en los dos sentidos, claro. A veces no queremos regalar algo porque pensamos que la otra persona no va a saber valorarlo. Aunque esto que voy a decir ahora suena muy exagerado, el lenguaje de los regalos es parecido al del sexo, en el sentido de que hay unas expectativas, una relación, se finge mucho y finalmente se deja aparcado.
Aparte de eso, ayer conseguí verme desde fuera y darme cuenta de lo terriblemente infantil que estaba siendo mi comportamiento. Curioso. No sé si es acción-reacción, pero hoy he visto a una chica con un hombre más mayor y de una posición preeminente. Es un tema sobre el que reflexionar, como las chicas jovenes suelen sentirse atraidas por hombres mayores en los que ven... ¿seguridad? ¿distancia? No lo sé.
Yo tengo muchos comportamientos de niñato. Lo reconozco. Hace años no llamaba a la adolescente en plena situación de "que me llame ella", hasta que Vicen me decía "a ver, idiota. ¿Quieres hablar con ella? Llamala". Y lo hacía. Y luego me alegraba de haberlo hecho. Por eso, porque a veces los arboles no me dejan ver el bosque, busco consejo en los colegas. Otra perspectiva. Porque yo no soy infalible, simplemente intento seguir mis intuiciones y ser lo más fiel posible a mi mismo. Pero me enredo muy facilmente con el ruido. Ayer me recordaron que hasta el ruido merecía la pena ser bailado y hoy me han mandado musica. Eso hace falta. Hace falta ponerse una zanahoria delante de la cara y animarse a ir por ella, aunque uno sepa que es imposible.
"Yo soy morena, yo soy ardiente... " Ya lo escribía Becquer. A veces, a mi me pasa mucho, queremos ver la silueta del cuervo y que ella nos inspire, más que la forma delimitada y definida. Incertidumbre. Misterio. Curiosidad. Juego.
He regalado una miniatura que pinté. La hice pensando en una persona y, una vez empecé a pintarla, salió sola. Llevaba unas cuantas semanas dandole vueltas. A veces me pasa así. Veo una mini y dudo. ¿La pinto de este color? ¿De este otro? ¿Como hago las manos? ¿Y la cara? Me meto en internet, busco tutoriales, comparo, me documento. Mareo la perdiz. Y de repente un día me despierto, la miro y sé justa y exactamente como hacerlo. Y antes de que me dé tiempo a arrepentirme me pongo. Un paso, otro paso. Cuando me doy cuenta llevo ahí dos horas sentado. Y está más o menos listo, o al menos el esquema general. Ahora empezamos con los detalles. Un poquito más. Otro poquito más. Esto. Y al final cuando acabo la dejo ahí y vuelvo al cabo de unos días. Quedó bien. No me gusta. Buscamos algo perfecto, el principe azul, el cuento al atardecer, el acabado elegante para el que carecemos de esfuerzo, dedicación, ambición. Y eso está bien. Somos consecuentes con nosotros mismos cuando decimos "la miniatura podría estar mejor, pero la hice yo y me gusta como ha quedado". Relación esfuerzo/resultado. Un poco así pasa con todo en la vida. Pero quiero salirme de eso. Quiero reirme. Quiero amar. Quiero observar un paisaje, quiero escuchar una voz, quiero beberme una sonrisa. Quiero hacer preguntas solo por el placer de que lleven a más preguntas, quiero aprender. Y ojalá pueda hacerlo dentro de unas horas.
¡A por ello! Feliz finde gente. Y que os merezca la pena.
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