martes, 4 de marzo de 2014

Cosas que se dan por supuestas (sobre Vituco)


Ya han pasado unos cuantos años, pero es el tipo de cosa que se te queda y vuelve por la noche, cuando estás medio dormido y tienes las defensas bajas. Supongo que es el tipo de cosa que te hace, esa sensación a la que no quieres volver nunca pero que está ahí, como una corriente subterranea. Lo voy a escribir aquí, porque este blog es para mi, pero si alguna vez esto sale en una conversación podéis estar seguros de que habéis perdido un amigo en el mismo momento en que aparezca esto.

Yo tenía seis años y mi hermana cuatro cuando mi padre decidió que eso de tener hijos no iba mucho con él. Antes de eso había sido un padre más, ni afectivo ni pasota, muy a su rollo. Aquel día, según mi madre, yo lo acompañé a la puerta y cuando él se fue le dije "Oye mamá, papá no va a volver, ¿verdad?". Mi madre se echó a llorar y yo le dije "no te preocupes, yo me encargo. "
Sabrá Dios de qué puñetas creía yo que me podía encargar con seis años y esas gafas enormes. Pero más o menos hice lo que pude. Siempre muy apoyado por mi abuelo, claro. Cuando ingresaron a mi madre, yo era el que metía a mi hermana en la habitación y le decía que no llorara delante de los abuelos y que todo tenía que estar bien. Cuando mi madre volvió, yo la escuchaba y le aconsejaba, tanto como buenamente podía. Eso fue así siempre. Yo di el visto bueno al padre de mi hermano y yo aconsejé repetidas veces que lo echaramos de nuestra vida. En cierto sentido, yo soy, y he sido, el cabeza de familia de mi casa, aunque tenga veinticinco años menos que mi madre. Que el domingo cumplió cincuenta y siete y yo no pude felicitarla, porque estoy en Ferrol haciendo bulto.

No estoy contando esto porque me sienta muy orgulloso de mi mismo. Yo cumplí con mi deber, no hice ni más ni menos de lo que mi naturaleza y mi situación me obligaron a hacer. No quiero medallas. Pero cuando uno está enfermo, se da cuenta de que el estar sano es algo que damos por hecho y no es así. Todo se gana en esta vida. Existen muchas cosas que se dan por supuestas, como si fueran un regalo del cielo y debieran ser siempre así. La fidelidad de la pareja, la lealtad de los amigos, el amor de los padres. Y no siempre es así. Todo se gana y se pierde en función de nuestro caracter, nuestra situación, nuestra voluntad. Por eso cuando veo a mi compi Victor con sus hijos se me cae la baba. No por envidia, que es un sentimiento pequeño y miserable, sino por una cierta sensación de... "propiedad". De hacer las cosas apropiadamente, bien. Algo que me enseñó mi abuelo, y que curiosamente es muy alemán, es el respeto por un trabajo bien hecho. En "diario de un aleman" Haffer lo define de la siguiente forma: "El policia, enfrentado a un ladrón de gran habilidad, sacudirá la cabeza y dirá: será lo que sea, pero ciertamente así es como se debe robar". Yo vivo en mis zapatos y no miro a izquierda y derecha, porque izquierda y derecha no soy yo. Pero cuando veo a Victor cuidar de sus chavales, cuando veo como habla de ellos... así es como se debe criar a unos hijos.
Y creedme, sé de lo que me hablo.

1 comentario:

  1. Hiciste mucho más de lo que tenías que hacer, que era ser niño. Aún con gafotas. Las medallas se pueden querer o no, pero se ganan. Porque se merecen. Un abrazo medalloso.

    ResponderEliminar