domingo, 30 de marzo de 2014
El domingo es el pequeño lunes
Te levantas por la mañana ya mirando el reloj. Tienes cosas que hacer, ropa que recoger, quizás limpiar la casa, quizás estudiar, quizás preparar apuntes. Algo. Mentalmente calculas "tengo x horas...". Cada hora se vuelve una unidad de tiempo valiosa y tienes miedo de desperdiciarla. A la vez te entra rabia. ¿Por qué el fin de semana acaba tan pronto? El viernes parecía que el fin de semana se extendía hasta el infinito y de repente ya está aquí otra vez la semana. Y empiezas a repasar. Tengo la ropa para mañana... correcto. Tengo los libros... correcto. ¿Me olvidaba de algo? Dejas todo listo. Y vuelves a intentar hacer las cosas que te gustan, leer un libro, pintar alguna miniatura, jugar a algun videojuego, ver una pelicula. Pero no lo acabas de disfrutar porque la cabeza se te va una y otra vez al tic tac del reloj, que está abandonado sobre la mesa porque, al menos un día al mes, hay que dejar el reloj tirado y seguir los impulsos de tu estomago.
Demonios. Como odio estos días.
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