viernes, 28 de marzo de 2014
Cuidado con el destino
A veces es muy hijo de puta. Es curioso. El miercoles llamo a una chica y nos ponemos al día. De repente todo es maravilloso, hay luces de color, etc. Mis planes pasan por intentar irme a Canarias en Semana Santa unos días, pero resulta que surge una alternativa prometedora. Al día siguiente miro los vuelos. Irme a Canarias vale una pasta y está fuera de mi presupuesto. Curva descendente hacia Canarias, se lo comento a mi amigo Vicen, mi bro, que está complicado ir por allí pero que aun no sabemos nada.
Al día siguiente, hoy, recibo una puñalada gratuita de esa chica. Mi hermana me comunica que Hacienda ha aceptado el recurso que planteamos y ya no me reclaman mil setecientos euros (sí, en letras) de la declaración de 2012. He pasado de tener complicado llegar a final de mes a estar casi poderoso. En un día.
Claro, en otras circunstancias yo estaría ya comprando un billete para Las Palmas. Más o menos así fue la evolución que me llevó a Sao Paulo en agosto del año pasado, una serie de medio deseos que de repente parece que la vida te pone una señal luminosa en su dirección. Vamos. Vamos. Pero como ya sabemos lo que pasó en Sao Paulo, vamos a dedicarle un momento de consideración.
¿Qué tengo yo en Las Palmas? A Vicen. Mi bro. Un colega que me cuida, me adora, con el que cuento siempre. Pero Vicen es carne de piba. Si no está detrás de alguna está a punto de estarlo y dedica una cantidad tremenda de energia y tiempo a los aspectos romanticos de su vida. Así que sí, voy y estaremos genial, pero tengo claro que soy una prioridad relativa. Más cosas. Tenemos a Santi, su hermano, que también es colega de gran categoria. Pero que tiene su vida. Más cosas. Estaría guapisimo volver a ver a Carol pero... Carol y yo hemos hablado media docena de veces en los ultimos años. Es una chavala genial, pero dudo mucho que cruzara la calle por mi. Y ahí surge la pregunta. ¿Cuan exquisito soy? ¿Cuanto espero de los demás? Ya hace una semana o dos tuve una bronca con My little pony, que decía que yo parece que necesite que la gente esté pendiente de mi. Y no es algo acuciante, vehemente y feroz... pero lo confieso, sí. Me gusta que me mimen. Me gusta que me rasquen detrás de las orejas, que me pregunten como estoy, que se preocupen por mi. Y dado que yo lo hago con la gente, no me parece exagerado pedir reciprocidad. Esa curiosa palabra sobre la que tuve que dar una charla ante mi brigada.
Así que vamos a tomarnoslo con calma. Las indirectas del destino no hay que cogerlas de un salto. Vamos a esperar y observar. Tampoco tengo prisa. Este es un fin de semana de relax. Baño de sales, fisio, muñequitos, dormir... mucho dormir. Videojuegos. Algo de limpieza. Estudio suave. Cuidarme a mi mismo, mimarme. No hay prisa. Y luego ya iremos viendo lo que decido. Pero sobre todo, voy a tomarmelo con calma. Voy a querer a quien me quiera. Voy a saber valorar las cosas. Y no voy a tener prisa.
¿Por qué? Porque me lo merezco. Porque soy un pelotazo de tío, como me dicen el Luis, Silvia, Kike, Aliusha, Rali, Pako y toda esa gente buena. Así que a por ello. Que ya queda menos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario