miércoles, 26 de marzo de 2014
Identidad
Uno de los principales motivos de crisis en el mundo actual es la cuestión de la identidad. ¿Qué soy? Y sobre todo, ¿como me identifico?
Vamos a remontarnos un poco en el tiempo. Según Huntington, la crisis identitaria arranca con la caida de la Urss. Hasta entonces viviamos en un mundo alineado. Comunista, capitalista o en medio. Cuando cae la Urss, a principios de los 90, estamos ante una epoca de ilusión. Todas las barbaridades de Reagan y Tatcher, la resolución de la crisis del petroleo, la tensión eterna... todo se iba a arreglar. Los gobiernos plantean ir deshaciendose de los arsenales nucleares. La antigua Urss es expoliada miserablemente. Se supone que todos vamos a ser ricos y felices.
Y entonces llega la guerra de los balcanes. La primera guerra continental europea desde la segunda guerra mundial. "Nadie" la vio venir. De repente, tensiones que llevaban años sometidas a la bota de Tito surgen. Yugoslavia nunca había existido. Lo que hay son religiones (ortodoxa, catolica o musulmana), tribus, naciones... algo que nos permita ser distinto del de al lado. Y enseguida empieza la escalada dialectica, la ausencia de autocritica, el "conmigo o contra mi".
Curiosamente, algo parecido sucede a nivel personal. Cada vez estamos más fragmentados, y al buscar cada vez más una identidad diferente, nos volvemos más manipulables. Por eso el exito de Paulo Coelho, de los libros de auto ayuda, de las sectas. Nadie quiere escuchar "tu eres igual que el de al lado, y eso es bueno". Y esto, dicho por un tío tan "raro" como yo, tiene narices. Porque a mi es al primero al que no le gusta, pero reconozco que existe un minimo-comun-basico humano, universal, en el que estoy integrado. Y eso no es malo, porque me permite comunicarme. La cuestión es que todos deberiamos dedicarle un momento de reflexión a eso, a darnos cuenta de que el mundo ha cambiado y es global. Ya no existe tres o cuatro identidades, existen decenas o cientos. Y es otra revolución industrial. No va a irse porque no nos guste. Hariamos bien en comenzar a aceptarlo y trabajar en ello, a entenderlo, a acercarnos. Y por supuesto a defendernos.
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