miércoles, 9 de diciembre de 2015
Conocerse mediante la victoria
Lo siento. "Conocerse mediante el amor" suena a mensaje eucaristico de esos que te dan unos tíos con corbata y chaqueta a la puerta del metro. "Conocerse gracías a la victoria del amor" suena a canción de tíos con pelos cardados y guitarras de flecha. Así que he optado por la versión más asumible y más épico militar, que no sé porqué parece aceptable y menos moña.
Este fin de semana he pasado por muchas cosas. Me he sentido débil, me he sentido expuesto, me he sentido desnudo. Mi hambre ha sido tan intensa, tan descarnada, que no he podido ocultarla y he terminado poniendome en ridículo. Son cosas que pasan. En descargo de esta persona, diré que no se ha mofado de mí y ha sido paciente. Me hacía falta, porque no era consciente de que aún tenía una herida, terrible, descarnada, de cuando fui humillado. Y esa herida estaba pidiendo retribución.
Finalmente, desperté por la mañana y me ví solo. Y supe que iba a estar solo. Así que decidí quererme. Decidí darme un baño de agua hirviendo, no solo hacer flexiones, no solo dormir lo que debo. No solo darme golpes, sino también caricias. Esas caricias que a veces te dan con palabras o con miradas o con gestos, como cuando llego a casa hecho mierda y Marc apaga el ordenador para sentarse a mi lado. Caricias que me gano y me merezco, y a las que correspondo. "Tu no te mereces esto". Es verdad. Pero la unica forma de no recibir algo que no me merezco es evitar que pase.
Hay otra forma de conocerse. El prejuicio consiste en una idea fija que colocamos por delante de la realidad. A veces el prejuicio llega a extremos patologicos, cuando distorsionamos tanto la realidad que esta se vuelve irreconocible. A veces, nos colocamos estandares imposibles, forzamos la maquina. A veces, nuestra mente crea monstruos que nos devoran.
Siempre es más fácil confrontar la imaginación que la realidad. Es más fácil odiar nuestra idea de una persona que a esa persona real, y es por eso que el mensaje de la xenofobia arranca en la discriminación. Sin ella, es imposible el odio, porque el mero contacto disipa la posibilidad de irracionalidad. Es por eso que, a medida que pasaban los días, yo me iba sintiendo más comodo con la realidad y ella más incomoda.
Pero no solo conocemos a la otra persona. Haciendolo, nos conocemos a nosotros mismos. Medimos nuestras reacciones, nuestras debilidades, nuestras fortalezas. Me gusto. Me he gustado durante mucho tiempo y sigo haciendolo. Ya dije alguna vez que la suerte está muy limitada. Suerte es ser hijo del jefe, pero si eres un inutil la empresa va a la mierda. Yo tengo muchos amigos y la gente me quiere porque soy una persona fantastica, que hace a los demás sentirse mejor. Yo sumo. Y al darme cuenta de ese hecho, de que yo soy positivo, disipo todas las dudas. Hacer magia. Medir resultados. Evaluar daños. Todo eso es secundario. La "esencia", como decía mi colega, es saber quién somos y de qué somos capaces. Y al hacerlo dejamos atrás el miedo, abriendo nuestra alma a la posibilidad de crear, de amar, de ser.
El miedo es el asesino del espíritu, pero es necesario para evitar ir metiendo las manos en cuanto enchufe encontramos. Más allá de eso, nos encoge, nos limita, nos vuelve irracionales. El miedo es lo que nos separa de nosotros mismos y hay que vencerlo y darle su lugar. Por eso, mientras el miedo sea un biombo entre personas, esas personas no podrán conocerse. Lo unico que vence el miedo es el valor... y el valor solo existe cuando nos miramos a nosotros mismos, nos aceptamos y nos conocemos. Siempre dudamos cuando no sabemos lo que estamos haciendo, pero si conocemos nuestras herramientas, nuestros limites y capacidades... entonces solo hace falta aplicarlos.
A por ello. A vivir.
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