miércoles, 16 de diciembre de 2015

Mentiras comodas


Ayer me pasó una cosa con un amigo. Hoy me pasa con una ex. Parece que esta es la semana de "Hey Dude".
Basicamente, lo que me pasa se resume en que quien calla otorga. Y se entiende que en el silencio está la aceptación de una situación, quiera o no. Citando a una colega mía, el que empuja, si no se le frena, cree que tiene razón. Y ya sabemos que el éxito conlleva su propia inercia.
Y las cosas no funcionan así. La realidad tiene la maldita mania de asentarse, de imponerse. El tiro de fogueo, para avisar, a veces no es escuchado. Entonces uno tiene que tirar con bala de verdad y la gente se escandaliza. "Eso ahora no me ayuda" "Si lo sé no te digo nada".
A ver, hay un momento en la vida para decir "ea ea". Ese momento es cuando te has caido y te duele. Y en automático, sobre la marcha, hay que levantar a la gente y ponerla a funcionar. Si queremos que a nuestro alrededor haya gente capaz, que resuelva problemas, que asuma soluciones... no se puede ir con paños calientes siempre.
Que a ver, tampoco la vida consiste en ser el Sargento de Hierro. A veces hay que cubrir a la gente, darles tiempo, endulzarles el trago. Poner el tono de voz, la expresión. Saber comunicar. Pero otras veces es que no se puede, o no se quiere, perder el tiempo justificando lo injustificable. Sobre todo cuando uno comprueba el balance y vé que, por un lado, existe esfuerzo en tiempo, dinero, voluntad. Existen sacrificios personales. Y por el otro lado existen sobras. En ese caso la ecuación no funciona y es el momento de decir, oye, yo te voy a dar lo mismo que tú me das a mí. Que ya te lo avisé en su momento y no has hecho caso. ¿Que suena muy crudo? Sí. La vida no consiste en un balance de resultados, pero las percepciones son importantes y en un determinado momento podemos sentir que están abusando de nosotros. Ese es el momento de plantarse y decir adios. Porque aunque haya muchas cosas buenas, pocas o ninguna justifican algo que nos haga sentirnos menos de lo que somos. Tenemos el derecho y la obligación de ser la mejor versión posible de nosotros mismos, y uno de los frentes en que peleamos esa guerra es en el de la compañia de la que nos rodeamos. Tended siempre a lo mejor. No conformaros. Y no permitais que, de una mentira comoda necesaria en un momento dado, se construya una narrativa de la debilidad.

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