viernes, 4 de diciembre de 2015
Permitete ser feliz
Ayer me encontré con una situación sorprendente, pero en cierto sentido previsible. Ayer me encontré con que, otra vez, estaba torpedeandome a mi mismo. Otra vez estaba impidiendome disfrutar de las cosas como venían, preocupandome por cosas que no podía controlar, obsesionandome con el futuro. Otra vez estaba negandome a mi mismo la posibilidad, curiosa, de que algo saliera bien en mi vida. Que tampoco es una gran cosa pero... ¿por qué siempre me pasa igual? ¿Por qué me empeño en ponerme palos en las ruedas?
Porque se vive muy bien a la contra. Se vive muy bien sin tener que asumir responsabilidades, sin arriesgarse, sin salirse de la linea. En tu zona de confort.
¿Y como es esa zona de confort si hay viajes, y trabajos raros, y personas nuevas? Es una zona de confort "controlada". En la que me implico a medias, en la que no pongo sentimientos sino que me los guardo, en las que siempre tengo dinero ahorrado de sobra. No me expongo. Digo lo que elijo decir y lo que no, lo callo.
El problema es cuando esa zona de confort salpica a los demás. Cuando no permito que alguien se me acerque por miedo a sentir, cuando quedo solo para hacer lo que me gusta. Entonces personas maravillosas, que aportan muchísimo, sufren.
¿Y como evitarlo? El primer paso es analizarse a uno mismo. Igual que soy intransigente con conductas que considero patologicas, esta debe ser tratada como tal. No podemos hacer daño solo a quienes tenemos muy cerca, a quienes de verdad se preocupan por nosotros. Precisamente a ellos debemos cuidarlos más, valorarlos, hacerlos sentir queridos. ¿Si luego sale mal y sufrimos? La vida es sufrir. Un hermano te dejará tirado, tu madre tendrá días malos. Hay que salir de la burbuja y vivir.
Claro, es difícil. Hay mucho cansancio acumulado, mucho dolor, mucha tristeza. Mucha soledad. Pero va a seguir allí. La unica forma de quitarse todo eso de encima es afrontarlo. No esperar a que algo o alguien aparezca y, zas, de un plumazo lo quite todo y volvamos a estar enteros, felices, bien. No van a volver los días dorados. Las personas que murieron no van a resucitar. Con suerte, los veremos al otro lado. Con suerte. Pero hay que vivir aquí y ahora y eso implica sentir cosas.
Tenemos que permitirnos equivocarnos. Si cometemos un error en el trabajo, si se nos escapa algo que creiamos saber, si se nos pasa un cumpleaños... no pasa nada. ¿Hay algún muerto? Pues a seguir adelante. La próxima vez lo haremos mejor. Y vamos a disfrutarlo. No podemos vivir entre la nostalgia del tiempo presente y la nostalgia del pasado, ¡ ni que fueramos portugueses!
Como cantaban Extremoduro "Ama, ama y ensancha el alma".
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario