viernes, 18 de diciembre de 2015
Tormentas en tus ojos
Hace un par de semanas, en Pontevedra, Mar me comentó algo que seguro llevaba mucho tiempo guardandose. Me dijo que no le gustaban los ojos azules, porque le parecían vacíos de expresión, huecos. Pero que los míos le gustaban, porque tenían tormentas dentro. Yo le contesté que eran los mismos ojos de mi abuelo. Probablemente es el rasgo de mi cuerpo, junto con las manos, del que más orgulloso me siento. No porque sean especialmente bonitos -aunque alguna gente dice que sí-, sino porque representan ese vínculo directo, esa herencia, que ha pasado directamente de Claudino Sanromán a Alejandro Sanromán.
¿Y por qué esos ojos tienen tormentas? Supongo que porque soy un niño del verano. Porque cuando estoy a punto de matarme, me río. Porque soy testarudo, orgulloso, rebelde. Porque según una psicologa del trabajo soy "psicopata manipulador". Porque pienso demasiado, porque me hago daño a mi mismo y a los que quiero, porque tengo un lado femenino demasiado desarrollado. Porque cuando la gente dice "¿por qué?" yo digo "¿y por qué no?". Porque estoy loco.
Y me gusta estarlo y me gusta ser como soy. Me gusta sentirme Pan que Habla, como decía la colega. Me gusta comunicarme conmigo mismo sin filtros, me gusta no tener miedo a mirar a las cosas a los ojos. Me gusta abrazar y que me abracen, me gusta saber que, bueno, mañana puedo estar en el otro lado. ¿Y qué? Me gusta pensar que soy demasiado idiota para darme cuenta de cosas de las que debería darme cuenta.
En mis ojos hay tormentas, pero en sus sonrisas hay dientes. Y cuando te abraza parece que te va a romper, pero porque ella también se rompe. Puedes correr pero no puedes esconderte y, hagas lo que hagas, al final del día a través del espejo sabrás quien eres, por mucho que intentes no mirarlo.
El viejo Mar, el viento que te besa, la lluvia que te refresca y te recuerda que afuera hace frío. Vayas donde vayas, dentro de ti está quién eres, quién fuiste y porqué. Levanta la cabeza.
Dentro de ti, solo estás tu y quién permites que entre. Como decía el otro día en el fb Leti "No permitiré que nadie camine por mi mente con los pies sucios". Respetate. Quierete. Y, como decía Eriksson en una de sus novelas, "El mar no sueña contigo".
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