martes, 22 de diciembre de 2015

Honestidad y fé



Hoy venía para el trabajo y pensaba en la suerte que tengo de tener amigos buenos. Y como he ido encontrando esos amigos en el camino y porqué. Estaba pensando en como, con alguna gente, he tenido grandes detalles pero luego no se los he echado en cara. Y cuando digo "no se los he echado en cara" quiero decir que me he olvidado de ellos, hasta que ha surgido algo que me lo haya recordado. La única forma de vivir con el pasado es esa, es dejarlo en el pasado. Si lo tienes sentado a tu lado, mirándote de reojo, no va a quedar atrás nunca. Tampoco es cuestión de perderlo, sino que uno pueda acudir a él cuando lo necesita, si piensa que, de ser detalles, se están convirtiendo en obligaciones.

Decía mi colega Luichi que, con la gente, una vez tienes unos detalles se ven como algo natural y si no lo haces es una traición. Puede ser. Pero ahí entra el concepto de fé del que hablaba. Uno tiene que creer en el ser humano. Tiene que creer que podemos ser mejores de lo que somos, tiene que creer que esa persona desconocida tiene potencial. La fe consiste en que, aunque uno no tiene pruebas de ello, elige creerlo. Y para el tipo de relaciones que tengo yo con la gente hace falta fe. Hace falta dar un paso al frente y arriesgarse, hace falta mirar a los ojos a alguien y decirle "tu puedes". Y hay que creer realmente en lo que dices, porque si no estarías traicionándolo y, sobre todo, traicionándote a ti mismo. La clave de la honestidad en la que intento vivir yo, una de las partes de ese "Ehre" del que hablaba con Dominik, es creer en lo que se dice, en lo que se hace. Es tomar decisiones que consideramos justas, sabiendo que el juez de nuestra conducta va a ser nuestra conciencia. Y tener una conciencia decente, limpia, honesta. Cuidarnos. Al igual que cuidamos nuestro cuerpo y nuestra mente, hace falta cuidar nuestra alma.


¿Todo esto suena muy trascendente? No tengo ni idea de lo que estoy escribiendo, voy en piloto automático. Pero ayer me dieron un abrazo de verdad, de esos que te devuelve a tiempos más simples, y me acariciaron con palabras. Y eso ha sido porque me lo merezco. ¿Soy afortunado? Claro. Pero soy afortunado porque hago las cosas como creo que son lo correcto y, hasta ahora, no me voy equivocando. Mi única cuenta pendiente ya está pagada. Y con esa tranquilidad afronto el mañana, tranquilo con mi pasado, peleando mi presente y esperanzado con el futuro. Siendo, como le decía un día a un amigo, alguien a quién me sentiría orgulloso de conocer.

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