miércoles, 9 de diciembre de 2015

Todo es un desastre contigo


Esta frase me la dijo Rali un día cuando, de broma, le comenté que no estaba tonteando con rusas ni ucranianas. Me dijo "Bien. Todo es un desastre contigo". Luego pidió disculpas por haberse pasado, pero tenía razón.
Este ha sido un fin de semana terrible, maravilloso, emocionante. Ha sido un fin de semana de pasear descalzo por un cementerio, acariciando con la mano, casi sin mirar, sitios y recuerdos de cuando yo aún era demasiado joven. He vuelto a Vigo. He vuelto a caminar por Castrelos, a comer empanada, a quedarme en la cama. He vuelto a Samil, al Vao, a Coruxo. He caminado por delante de la casa de mi abuelo, he vuelto a verme, pequeñisimo e impresionable, comprando revistas y periodicos enfrente, viendo a mi abuelo en camiseta de tirantes, volviendo a casa en bicicleta, escribiendo cartas en una silla de playa debajo del limonero. Este fin de semana me he asomado a mi pasado.
Lo he hecho de la mano de alguien que me golpeaba cuando quería abrazarla. De un vano fantasma de sombra y de luz, un imposible, que cuando se ha ido ha dejado mi casa hecha un desastre y mi alma hecha unos zorros. Riéndose. Pero en el proceso, me ha recordado quien soy. Me ha arrancado el frío de la soledad, me ha emocionado, me ha hecho susurrar palabras que no creí que tuviera dentro. Como hizo hace tantos años, me ha despertado a un mundo de posibilidades que creí que no eran para mi.
Y a la  vez... esta mañana me he levantado, duchado y empezado a ordenar y limpiar la casa, a ordenar y limpiar mi vida. Quien con niños duerme, meado se levanta. Ya en el Retiro dije "no sé que crees que ganas mordiendo. Tu no consigues nada y a mí me vas a hacer el daño que yo te permita que me hagas". Princesitas. Necesito en mi vida mujeres de manos rojas y corazón valiente, con arrugas de sonreír, que estén locas. Ayer hablaba con Marc, que se quedó hecho polvo cuando vio la cocina. Con otras palabras dijo "tu no te mereces esto". Y no le falta razón. Supongo que es el precio que pagamos por la magia, la sangre que se escurre entre los dedos y el pinchazo, lejano ya, de un dolor que ni siquiera sabiamos que podiamos sentir.
Todo es un desastre conmigo. Pero me levanto, cuando debería estar agotado, y me pongo a limpiar y se vé que, detrás de todas las bromas y las tonterías, tengo un fondo de gallego. Soy testarudo, soy trabajador, soy buena persona. Puedo encargarme de todo menos de mi mismo. Soy un desastre. Aún no sé que haré este fin de año, pero ya he empezado a recoger los pedazos.
¿Por qué tiene que hacer que el resto del universo parezca aburrido y gris, palido, vacio? ¿Por qué se mete debajo de la piel y crece ahí? No lo sé. Pero hace mucho aprendí a que, aunque duela, hay que continuar. Y que al final, con tiempo y esfuerzo, el dolor termina convirtiendose primero en parte de ti, luego en un recuerdo que se desvanece y, finalmente, en una cicatriz de la que presumir y a la que mirar cuando nos preguntamos "¿Como he llegado hasta aquí?".

No hay comentarios:

Publicar un comentario