martes, 22 de diciembre de 2015
Sobre profundidad y honestidad
Hoy me he levantado por la mañana y he cotilleado el Facebook. A veces me da por ahí. Hoy era el cumpleaños de la pareja de una persona muy especial y, entre otros regalos, esta mujer le ha hecho un post en fb. Hace muchos años yo presumía de conocer parejas que eran un ejemplo de como se podía llevar a cabo una vida armoniosa. El Rebolo y Püri. Silvia la Lolo y Javi. Gente que convivía con naturalidad, que afrontaban los desafíos de la vida sin estrés, que construían juntos. Gente que hacía fácil algo que para muchos es difícil.
Hoy me he dado de cara con una pareja así, en un post que es todo una exaltación de la vida en pareja. De la vida en pareja entendida como un proyecto, como una aventura, como un camino. No reproduciré el post, porque es demasiado bonito y surge de una fuente de emociones y experiencias a la que yo no tengo acceso. Pero sí pondré, para que conste, la respuesta de M a mi comentario admirativo.
"Parece que amar es meramente por apariencias y no real, que tener una pareja es algo a corto plazo, como una moda, y no como un compañero de vida. Y que los errores son razones inmediatas por las que separar caminos, cuando en realidad son pruebas para crecer juntos".
Es ese enfoque, tan natural, de que los problemas no son más que desafíos. Y a la vez nos recuerda que debemos entender la vida, las relaciones, nuestra naturaleza con la suficiente dosis de profundidad. Sobre el paisaje de nuestra vida existe gente que pasa apenas como sombras, como hologramas, de los que solo vemos los contornos. No es suficiente. Para apreciar la vida de verdad hay que vivirla.
"Demasiado intenso". ¿No eres capaz de procesarlo? Ríete con ganas. Abraza de verdad. Corre, canta, baila. Vive. Vive en el sentido amplio del termino, sabiendo que vivir duele e incluso abrazando ese dolor, no cómo narcótico sino como desgaste natural. Una de las conclusiones de M, "¡envejezcamos juntos!" me parece de una hermosura casi más allá de mi capacidad para experimentarla. Porque es una afirmación absolutamente consciente. Celebra la experiencia adquirida, los éxitos conseguidos a pesar de los reveses, las lecciones aprendidas. Los amigos que están y los que se fueron, honrándolos en nuestro comportamiento.
La única forma de ser "real" es ser así. Escucharnos a nosotros mismos, comunicarnos con nuestro entorno. Tener los pies en el suelo pero los ojos apuntando al cielo. Y cuando miramos a alguien hacerlo de verdad, hundiendo los ojos en los del otro.
Ya dije antes que soy un hombre afortunado. Y lo soy, entre otras cosas, por honrarme en el trato con gente así. Gente que te permite tener fe en el ser humano, porque te demuestran, no en grandes gestos sino en el día a día, que la vida merece la pena ser vivida. Pero vivida así.
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