miércoles, 9 de diciembre de 2015

Demasiado intenso


A lo largo de mi vida, al menos en dos ocasiones, he sido acusado de besar demasiado intensamente. Algo que nunca he entendido. ¿Como se puede besar demasiado intensamente? ¿Como se puede vivir demasiado, pensar demasiado, sentir demasiado? Solo tenemos una vida. ¿Por qué tenemos que guardarnos cosas para después?
Si entiendo que se me acuse de besar con demasiada prisa. Como si no hubiera un mañana. Relajate. Vamos despacito. Los viajes, el trabajo... todo puede hacerse a un ritmo del noventa por ciento. Es casi tan rapido como el cien, pero menos asfixiado. Eso puedo entenderlo.
No entiendo la falsa modestia. Si eres bueno, eres bueno. Si no, entonces puedes mejorar o dedicarte a cosas que se te den mejor. Hay quien dice que, si eres demasiado amable, la gente se aprovecha de ti. Pero, como leí en una tira comica brasileña buenisima una vez, en ese caso el problema no es mío sino de los demás. El abuso sabe feo. La injusticia sabe fea. Se te meten debajo de la piel y te distorsionan los rasgos. Ni todo el maquillaje del mundo puede esconderte una mala conciencia. Y al final, la balanza siempre se equilibra.
No creo en no creer. No creo en dejar de soñar, en dejar de esforzarme, en dejar de intentarlo. A veces me canso. Entonces, descanso y vuelvo a ello. A veces hace falta salir, cambiar de perspectiva, pensar. A veces hace falta tiempo. A veces las cosas, simplemente, no son tan importantes. Pero en nuestro interior siempre sabemos lo que lo es, siempre sabemos lo que queremos. Siempre sabemos cuando compartimos y siempre sabemos cuando nos están robando, o nos estamos dejando robar.
Puedo vivir siendo demasiado intenso. Sobre todo porque ese exceso de intensidad compensa ausencias en otras areas. La onda senoidal sube y baja, no es continua, aunque desde un determinado eje solo se vea una de sus formas. Para tener una visión más completa, para ver ambas señales, uno necesita dejar los prejuicios y sumergirse sin miedo. Pero para eso hace falta estar muy seguro del suelo que uno mismo pisa, antes de pisar el de otro.

Este fin de semana me preguntaron porqué no pienso antes de hablar, en vez de equivocarme y luego disculparme. Es lo mismo. Todo está relacionado con experimentar. Si te equivocas, lo arreglas. Si aciertas, está bien. Si no puedes arreglarlo, es que nunca iba a estar bien así que es mejor darse cuenta ahora. Yo creo en meter el pie en el agua para ver como está de fría. A veces ves hielo y te ahorras meter el pie pero... salvo en casos tan extremos, es mejor probar y equivocarse que no haber probado. Y esto no es sabiduria de Paulo Coelho. Espero.

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