sábado, 12 de diciembre de 2015

Lo que yo te deje


Ayer hablaba con un amigo que está en una situación medio tal. Mi colega lo está pasando mal porque su relación va mal, en parte por mala suerte pero sobre todo por no haber hecho los deberes en las areas de análisis, operaciones y planeamiento. Y la gestión de crísis tampoco está siendo muy buena. Al fin y al cabo, todos sabemos darnos cuenta de cuando algo va bien o no y de porqué. Hace falta pararse a pensar, decir "¿esto es una fase o esconde algo más serio?" y atacar el problema. Ya dije el otro día que, si algo he aprendido este finde, es que los problemas no se superan hasta que se afrontan y se cierran, de una forma o de otra.
Pero no quería hablar de esto. Quería hablar de una frase que dije el lunes. Alguien me quiso ofender. Dijo algo que se suponía estaba destinado a minar mi seguridad en mi mismo y humillarme. Yo suelo dejar pasar esas cosas, pero esta vez consideré importante dejar las cosas claras. Así que contesté lo siguiente
- No sé que pretendes. A ti no te ayuda en nada querer atacarme y, en cuanto a mi, vas a hacerme el daño que yo te permita que me hagas.
Todo esto, dicho con un tono de voz monocorde y hastiado, de indiferencia, supuso una barrera. Fue una línea dibujada en el suelo "aquí estoy yo." Citando a Gandalf "No... puedes... pasar...". Porque realmente todos, todos, tenemos que llegar a ese punto algún día. El abuso existe cuando hay una clara descompensación de fuerzas... pero esa descompensación de fuerzas es evitable. La primera forma, cuando se preveé, es evitar exponerse. Pero una vez uno está ahí, en la pelea, las opciones son luchar o morir. Simplemente. Porque cuando cedemos nuestra identidad hasta el punto de sentirnos débiles, humillados... entonces es el momento de plantarse. Entre otras cosas porque somos nosotros los que nos colocamos debajo de las ruedas del tren en primer lugar. Somos nosotros los que decidimos que tampoco era tan importante nuestro tiempo libre... que queriamos a esa persona más que a nuestros amigos... que la familia podía esperar... hasta que llegó un momento en que no supimos reconocernos a nosotros mismos.
Así que sed conscientes. Cada día tomáis infinitas decisiones y lo que vivís es consecuencia de ellas. Llevad vidas orgullosas, vidas virtuosas, vidas que os hagan felices. Y sentiros bien con quién soís, con lo que hacéis y con lo que compartís.

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