martes, 15 de diciembre de 2015

Deformando la realidad


El otro día, a proposito de un debate político, leí en un blog "Son ustedes tan dogmaticos que, cuando la realidad no se ajusta a su modo de pensar, la modifican hasta que encaje. Aunque el resultado que consigan sea totalmente esperpentico".
Me encantó. Porque es verdad. Ya he dicho muchas veces que las cosas no son como "son", sino como las percibimos, y que buena parte del esfuerzo de comunicación consiste en interpretar la realidad y el lenguaje, de forma que el mensaje llegue.
Una de las cosas de las que me siento más orgulloso de mi mismo es de mi pragmatismo. No llego al nivel de Ligia, que ya es brutal, pero sí tengo una cierta facilidad para asumir la realidad como es, en lugar de intentar encajarla en algún tipo de prejuicio. Tampoco soy dado a juzgar a la gente, porque lo considero un esfuerzo inutil. ¿Qué más da que una persona sea la más ordenada del mundo, si yo esa cualidad no la necesito para nada? Mi area de experiencia se reduce a mi zona de contacto con esa persona. Las formas de dicha relación condicionarán mi "necesidad de conocer", empleando un termino militar. Dejando de lado una razonablemente sana curiosidad, determinadas cosas son superfluas y morbosas. ¿A mi que me importa si el servicio de taxis de un pueblo va bien o mal, si yo no voy a ir allí nunca? E incluso algunas cosas son contraproducente saberlas, porque puede formar un prejuicio que afectará a nuestras posteriores reacciones.
¿No es un tanto paradojico esto? Yo, el adalid de la curiosidad, defendiendo que alguna información "sobra". Pero lo que pretendo decir no es tanto que sobre, sino que su uso es muy secundario. Si queremos llevar vidas plenas, si queremos entender nuestro entorno, debemos dejar de intentar encajarlo en nuestra visión del mundo. No hay cosas buenas o malas, hay cosas que funcionan y cosas que no.
Lo que me lleva a una frase que me dijo una vez un jefe hace años. Me dijo "En la vida hay dos clases de personas; las que arreglan problemas y las que no". Simple. Sencillo. Y realmente, es así. Así pues, vamos a dejar de intentar que la realidad encaje en lo que nos gustaría que fuera y vamos a empezar a vivir aquí y ahora. Que en mi caso, ahora mismo, significa comer galletas.

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