viernes, 13 de abril de 2018
Demasiada oferta y demanda
Hablaba James Rhodes del problema del capitalismo aplicado a las relaciones humanas. Decía el compañero que siempre va a haber un producto mejor, más rápido, más nuevo, más brillante. Y que si entramos en esa espiral nunca vamos a conocer la felicidad, porque nos sentiremos mal con nosotros mismos y con la persona que tenemos al lado/delante/detrás. Y no le falta razón. Hace falta un momento de calma y entender que lo importante no es la persona, sino la relación, y la interacción y las sensaciones que de dicha interacción se derivan. Pero... ¿gustarnos? Gustarnos nos gusta muchísima gente. Esa chica porque es muy guapa, la otra porque es muy divertida, la otra porque tiene un fondo super interesante, aquella porque se atreve con todo. ¿Y con cual quedarnos, suponiendo que pudiéramos elegir?
Es mucho más fácil de lo que parece. Con la que hace nuestra vida mejor. Con la que nos apetece quedarnos por la noche viendo pelis o leyendo, hacer bromas en la cocina, coger el coche y hacer cientos de kilómetros. Con la que queremos conocer a sus padres y a sus amigos, ver donde nació. Y ya, como algo super loco, con la que nos imaginamos agarrando un niño en brazos o envejeciendo sentados en la terraza con una cerveza.
Por supuesto que nos van a gustar muchísimas. Pero a la hora de la verdad, en nuestro interior, tenemos seguridad absoluta de lo que queremos, como y cuando. Y si la otra persona no lo tiene claro... entonces es que la otra persona no lo quiere. Es tan fácil como eso.
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