domingo, 1 de abril de 2018
No seáis objeto indirecto
Como cantaban Boikot "Esta mañana / me he levantado / y he descubierto al opresor".
Esta mañana me he levantado y, mientras conducía y escuchaba Korn (la música amansa a las fieras) venía pensando. Sintiendo. Pensando. Reflexionando. Haciéndome preguntas y dándome respuestas. Como ya he dicho hace poco, el movimiento del cuerpo arrastra al movimiento de la mente y esta mañana mi cabeza era una lavadora. He dormido demasiadas horas y ya me hacía falta. También he dado unos saltos y flexiones, lo cual hace que la sangre se mueva dentro del cuerpo y te pida más. Hace falta deporte. Hace falta rabia.
Venía conduciendo y pensando en lo que dije antes. En formas de decir "te quiero" y formas de decir "no te quiero". Y me he dado cuenta de lo terrible que es sentirse medio para conseguir un fin. Sentirse sujeto pasivo de una historia y, lo peor de todo, haberse colocado voluntariamente en esa posición. Porque si bien yo por naturaleza tiendo a ser más unidad de apoyo que protagonista, existe una diferencia fundamental que todo jugador de rol conoce, entre ser un secundario y ser un pnj. En rol, la diferencia es tan simple como tener una ficha. Si tienes ficha, tienes características, nombre, trasfondo. Si tienes ficha, eres alguien y no puedes ser reemplazado, tu identidad es única. En cambio, la mayoría de pnj's apenas son una docena de rasgos anotados en un borde del folio. Esto es así por una mera cuestión de volumen (el nivel de detalle viene decidido por el grado de protagonismo del personaje; yo saludo a gente que ni sé como se llama ni maldito lo que me importa). El caso es que, de alguna forma, esta mañana me he despertado y he descubierto al opresor, a mí mismo. Ronald ya me advirtió de ello. Es un rasgo interesante de mi carácter que, cuando me dicen algo que no quiero oír, en lugar de descartarlo lo guardo para analizarlo más tarde. Alguna gente (Ira por ejemplo) diría que eso es sabiduría. No lo sé. Como decían en "The Game", una persona rica no necesita decir que es rica. Yo no necesito saber todo, me basta con saber lo suficiente.
Y lo que sé, a esta hora de la mañana, es que estoy herido. Y soy el último en enterarme, que curioso. Alisa, Charlie, Ronald, mi madre. En todos he visto caras de tristeza cuando les hablaba estos días y yo no lo entendía. Ahora lo veo. Pero, si bien es cierto que soy terriblemente lento en darme cuenta de las cosas, una vez las tengo claras no me tiembla la mano al hacer lo que debo. Y no existe nada mejor que la certeza de estar haciendo lo correcto para mantener la voluntad de victoria, esa "irresistible ansia de victoria" de la que hablaba Hitler. Hambre y sed. El alimento de la rabia.
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