martes, 3 de abril de 2018

Don't stay so close to me



Ayer salté mal. Peté. Son cosas que pasan. Cuando tengo sueño, hambre, ganas de llegar a casa y alguien se dedica a llevarme de la manita a un sitio y a otro sin tener en cuenta mi estado, salto muy mal. Conducir me estresa. Y que me pasen por la cara lo bien que viven mientras yo estoy sufriendo también.
Total, salté mal. Y luego llegué a casa y fui levantando presión. El sofá es hogar. Y como estaba emocional, física e intelectualmente reventado, empecé a hablar de tonterías. Pero la persona que estaba al lado mía, que había salido del sofá prácticamente dos veces en todo el día, estaba parecido. Así que empezaron a fluir las tonterías, como si estuviéramos borrachos. Y un cigarro. Y un poco de tregua. Y más tonterías.
Y como le dije a Charlie más tarde, seguramente nunca nadie me había hecho sentir tantas cosas sin tocarme.
Puedes sentarte normal. No hace falta que haya un metro entre nosotros. Y un abrazo y tu cabeza en mi pecho. Porque te dejé para que durmieras y no podías y volvimos a hablar. Y porque tu escuchabas música, esa música increíble que me encanta y yo estaba sentado en el sofá leyendo a Miguel Hernández. Porque no había hecho eso, disfrutar del libro a la vez que de mi entorno, en años. Porque era uno de los sueños de mi vida. Y por la noche, cuando hablábamos de Charlie, me decías que solo estás pasando los días y sin dejar de hablar conmigo. Y era un reproche y no lo era.
Estate tan cerca de mí. Cuando consigues salir de la caja y aprendes como funciona, tu te conviertes en la caja. Llena mi vida de paroles del giorno. Amargura, que bien suena. Vamos a escuchar un tango. Canta Metallica en el coche con Nastya y conmigo. Cruza tu mundo con el mío, deja que se superpongan y mezclen.
Es una adicción, ya lo dijo Charlie. Demasiadas emociones, un subidón continúo. Pero vienen sin darte cuenta, hechas de retazos. El futuro puede esperar, mañana, mañana. Y por la mañana, mientras preparo el bocadillo para por la tarde y me preguntó porqué hay un móvil en la cocina, apareces liada en una manta enorme, como una coma gigante moviéndose por la cocina. Y me pasas la mano por la espalda y siento... no sé ni lo que siento.
Se acabará. Sé que se acabará. Pero mientras dure, que maravilla. Que cosa más increíble.

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