Un fin de semana que empezó con Charlie tocando el ukelele y cantando, con clases de ruso, con confesiones y promesas. Con ganas de hacer cosas. Con un coche alquilado al que le hemos hecho dos mil kms, con ciudades y pueblos y tortilla y musica y estrella galicia. Y con pavos reales y Cafelito y acero para los barcos y esgrima y amigos y risas, tantas risas. Con visitas a paisajes imposibles y charla hasta el amanecer y ronquidos y...
Es demasiado. Y no es bastante. Es un sueño y no quiero despertarme.
Aunque tendré qur hacerlo.
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