miércoles, 11 de abril de 2018

Pajaro de libertad

"Puedes atrapar el viento / llevar a casa el mar
Evitar que pase el tiempo / pero no puedes
no puedes dejar / no puedo dejar el rock"




Es una letra de las Suaves que me acompañó durante muchísimo tiempo. Aunque sigo fascinado con "El Afilador" (noche mi égloga secreta), esta canción me gusta mucho porque representa esa capacidad para hacer lo imposible.


Hace dos años Damián y yo nos montamos en un autobús de Veliko Tarnovo a Sofía. Allí conocimos a una chica, Adrienne, que llevaba siete meses viajando por Europa. Damián se encaprichó muchísimo, pero yo entendí a la chica. Es mejor no intentar amarrar a quién solo quiere volar. Es mejor entenderlo, apreciarlo, respetarlo. Hay gente que pasa por tu vida para compartir un momento y ese momento es todo lo que puede darte. No se le puede pedir a alguien que sea quién no es, qué dé lo que no tiene. No se le puede cortar las alas a un pájaro porque, sin alas, ya no es un pájaro. Es otra cosa.


En "El Principito" le preguntaban por la diferencia entre querer y amar. Y él explicaba, si no recuerdo mal, que cuando quieres una rosa la cortas y te la llevas a casa, pero cuando la amas la riegas y dejas que crezca. Somos pájaros de fuego que se cruzan un instante, solo un instante, y ese momento puede (y debe) durar para siempre en nuestras almas. Tenemos que sentir la pata apoyarse en el corazón y herirnos, otra vez, de forma que nos tengamos que poner nuestros mejores vestidos de fiesta para tapar las cicatrices. Pero luego, en la noche, esas mismas cicatrices son las que recorreremos con las yemas de los dedos, suspirando. Esas cicatrices son quienes somos. Y en base a esas cicatrices podemos robar sonrisas que sigan con nosotros.
No existe nada vergonzoso en ser fieles a nuestra naturaleza. Siempre y cuando seamos honestos con nosotros mismos, siempre y cuando seamos reales, la vida nos devolverá lo que damos. Es el fundamento de la honestidad; no se puede ser honesto hacia fuera si no se es honesto hacia adentro. Y hay que aprender a perdonarse. Hay que poder mandar al mundo al carajo en paz, hay que entender que, nuestra forma de ser, nos va a traer complicaciones y aceptarlas. Yo estoy solo. Y voy a seguir solo porque hay partes de mi vida, de mi ser, que no comparto. Y otras que comparto demasiado. Pero eso no es malo. Me gusta como soy.
Tienes que aprender que volar no es malo. Y que el hogar está dentro de nosotros, tanto en un espacio físico como espiritual. Y también tienes que aprender que, cuando quieras, puedes parar. El miedo a perder algo es... miedo. Y el miedo no puede condicionar tu vida, tienes que decidir en base a, no lo que puedes perder, sino a lo que quieres ganar. Mira adelante como estás haciendo y sigue. Como canta la afición del Liverpool, "you will never walk alone".


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