domingo, 1 de abril de 2018
El hogar es donde duele
Según parece, así dice un refrán ucraniano. Yo conocía la versión de Antonio Gala que me gusta más "El hogar es donde quieres y te quieren". Sobre todo porque atañe a personas. A mí me puede doler un gato, que se rompa la tubería o lo que tengo que pagar por una derrama. Pero ninguna de esas cosas me va a querer ni la voy a querer.
Cuando entendemos el hogar como un espacio, físico, mental y espiritual, nos volvemos extremadamente egoístas y abrimos la puerta para el abuso. Porque eliminas la empatía y la compasión, eliminas el espacio compartido. Dejas de preocuparte.
El viernes tuve un día bastante malo. Ronald estuvo ahí. Quiso obligarme a salir pero, como no coló, me consintió. Vimos pelis malas y nos hartamos de cerveza. Hablamos mucho. Y cuando me fui a dormir, estaba mejor. Eso es lo que hacen los amigos. Cuando estás mal, te cuidan.
El hogar no es un espacio. El hogar es un estado mental y espiritual. Como le dije a Vicen alguna vez, "yo vengo a Las Palmas por uds. Este sitio, sin vosotros, para mí no significa nada".
Claro que esa es mi forma de verlo. Supongo que porque vengo de una familia que migró y nos educaron en eso. A su vez, ayer hablé con mi madre y me puso una medalla. Me dijo que, de todos nosotros, yo era el que más me parecía al abuelo. Probablemente incluso más que ella o que su hermano, que lógicamente lo habían conocido y tratado más que yo. No lo sé. No sé cuanto de nuestro carácter es biología y cuanto es interacción. Pero sí sé que estoy muy orgulloso de quién soy, de qué hago y de como lo hago. Y también estoy muy orgulloso de lo que ofrezco y de como lo ofrezco. Ya el resto no depende de mí, aunque reconozco que en la mayoría de ocasiones la gente me da incluso más de lo que doy yo. Soy un hombre afortunado, que tiene un hogar amplio y acogedor lleno de gente que me quiere y a la que quiero. Sí, ciertamente soy un hombre muy afortunado.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario