jueves, 5 de abril de 2018

No digas que soy amable

No digas que huelo bien. No contestes a mis "te echo de menos". No me sonrías. Sigue huyendo.
Pregunta a Carol, a Karen, a Vroni, a Luz, a Alisa, a Cris, a Mari Jose, a Mari, a Lau,a Vane, a... Que Dios me perdone, hasta a Mar. Preguntales por mi amabilidad, por mi bondad, por mi humildad. Preguntales por mi paciencia, mi sentido del humor, mi atención. Porque cada camino que elegimos nos cierra otros y hay gente que llama. Donde estás. O gente que no lo hace porque le da miedo. Pero de una forma o de otra, tengo sangre en mis manos y me da igual. Y la volveré a tener, precisamente porque me da igual.
Y tu tampoco eres una santa. Así que no nos insultemos y mejor dejemos que todo fluya hacia su conclusion natural. A desaparecer como si nunca hubiera existido y seguir adelante como si nada. A otro puerto, pero siempre lejos del hogar. Porque el hogar es ese abrazo que no puedes dejar, el hogar es ese puente que cuando lo ves sonríes, el hogar es olor a sal y viento y sol en la cara. El hogar es cuando te saludan con una sonrisa y con un abrazo.

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