viernes, 13 de abril de 2018

No dejes un enemigo detrás



Antes según iba trotando pensaba en mi manía de hablarlo todo. Al menos todo lo que considero importante. Porque la gente en general tiene la maldita manía de esconder las cosas debajo de la alfombra o dejar que se solucionen solas. Y eso no funciona. La vida se vive por días, horas, minutos y segundos. Se afrontan desafíos y se superan o se fracasa en su enfrentamiento. Pero el mirar para otro lado en casi ningún caso arregla nada.
Ante un problema tenemos dos opciones. Podemos afrontarlo o podemos eludirlo. Si lo afrontamos es posible que lo solucionemos o que no, pero pasará algo. Si lo eludimos no habrá cambios y la situación se resolverá o no sin nuestra intervención.
No hay que pelearlas todas. Alguien inteligente discute cuando no tiene más remedio o cuando confía en su victoria. Pero es importante que, cualquier cosa que merezca la pena ser afrontada, lo sea. Y si no, se desecha. No tiene sentido andar a darle vueltas a lo que deberíamos haber hecho o lo que pensábamos o... nada de eso sirve para nada. Hay un refrán en español "agua pasada no mueve molino". Por eso si sabemos que algo está listo y queda detrás... pues ahí queda. Está muerto, no existe. Volver a ello no sirve para nada.
Básicamente, lo que vengo a decir es que los problemas se dividen en dos grupos. Los que hay que atacar y los que no son problemas. Porque si no llevamos ese enfoque, nunca podremos dormir tranquilos y dejar que las cosas fluyan. Y estar atascado puede ser algo terrible.

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