viernes, 13 de abril de 2018
La vida se vé mejor a través de una pelicula de sudor
No podía más. Me iba a explotar la cabeza. Así que me he puesto los tenis y he ido a correr. Al principio seguía centrado en lo que arrastraba en la cabeza, pero al cabo de un rato me empezó a costar respirar. Levantar las piernas. Empecé a mirar el paisaje para no pensar en mi sufrimiento y a sudar fuerte. Empecé a dejar que mis agobios y tonterías fluyeran a la vez que bajaba el sudor y el rebotar de las zapatillas, pac pac, iba marcando el ritmo. A por la siguiente curva. A por la siguiente. Ya queda menos para el muelle. Cuesta respirar pero hay que concentrarse. Seguimos. Sobre todo, no parar. El cuerpo te dice que andes y que no puedes más pero tu puedes más que tu cuerpo. Insiste. Doblas la curva con cuidado de que ningún coche te atropelle. Y ahí se asoman los barcos a la salida. ¡Que bonito! Concentrate en la respiración. Ya queda menos. Miras el reloj y ves que vas bien de tiempo, que el objetivo de hoy está al alcance. Aprietas. Te vienes un poco abajo y te das cuenta de que tienes que aflojar.
Y ahí está la meta. Aprietas los últimos sprint y ya no puedes más. Apoyas las manos en los muslos, doblas la espalda. Te estiras y abres el pecho. Lo has conseguido. Haces unas flexiones y estiras. Mientras lo haces te das cuenta de cuanto llevabas arrastrado, de cuanta angustia tensión tristeza soledad te ha empapado la camiseta. Y sonríes, porque lo has hecho. Y cuando acabas de estirar y te metes en la ducha, te miras en el espejo y sabes que lo estás haciendo bien. Que eso es la vida. Que hay que mimarse y pelear y hacer las cosas bien. Que hay que hacer aquello en lo que se cree y mantenerse fuerte, feroz, independiente. Que nadie te ha regalado nada y que sigues peleando, día tras día, para conseguir todo aquello que te propones.
Y que merece la pena. Demonios que si merece la pena.
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