jueves, 28 de febrero de 2013
Ambición y fracaso
O como la naturaleza de la ambición invoca al fracaso y a la autodestrucción. No existe buen fin para la ambición, a menos que le apliquemos un freno de "fin de carrera" y aún así es problematico. Siempre queremos más, hasta que la naturaleza misma nos bloquea, por ser finita. Entonces sucede una de dos opciones: o eliminamos todos los recursos y nos inmolamos, en un arranque consecuente de autodestrucción, o detenemos la ambición y nos frustramos. Pero de una forma o de otra, la ambición es su propia maldición y contiene las semillas del fracaso en su origen.
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