miércoles, 6 de febrero de 2013

Silencio en formación


Buenas noches, damas y caballeros que de vez en cuando se dejan caer por mi cabeza. Hoy ha sido un día curioso, en el que han pasado muchas cosas y algunas interesantes. Sin embargo hoy vengo a reflexionar sobre una cuestión curiosa, que muchos de los que me conocéis de hace años os habéis planteado.
¿Qué hago yo en las fuerzas armadas?
No es una pregunta tonta. Casi todo el mundo que me conoce de mochila por el mundo se lo pregunta y dice que no me pega. En cambio los que me conocéis de mucho tiempo sabéis que, al contrario, es justo lo que más me pega. Porque yo vivo de la paradoja y me encanta. Pero no solamente eso. Mi historia con las fuerzas armadas es curiosa y, bueno, os la voy a resumir para ilustrar una cosa que quería poner.
Yo entré de rebote. Como casi todo el mundo de Cádiz, al no tener trabajo ni salida me planteé el Estado. Unos años, un trabajo sencillo, posibilidad de estudiar... un puente hacia otra carrera. Entonces llegué y descubrí algo que me encantaba, algo que encajaba de maravilla con mi personalidad y mi forma de ver el mundo. Algo que me equilibraba.
Yo llevo toda la vida viendome venir una carga de caballeria por el flanco. Prevenido ante lo que podía venir, tras haber visto mi familia romperse una y otra vez, a mi madre enfrentarse a situaciones muy duras. A hacer de la carencia virtud y del orgullo alimento. Y llegar a un sitio donde lo blanco ES blanco y lo negro ES negro, donde todo está escrito y organizado... demonios, eso era el paraiso. Además encajé de maravilla. Era un sitio donde, siendo yo mismo, estaba por encima de la media. No tenía que esforzarme, simplemente encajaba. Yo, que nunca encajé en ningún sitio. De repente tenía un lugar que era mi hogar.
Claro que eso no podía durar para siempre y pronto el amor se tiñó de otras cosas. Resurgieron otros viejos amores -el heavy, el rol, la filosofia-, descubrí otros nuevos -la mochila,los idiomas,las niñas-. Mi vida se hizo más rica y variada, de tal forma que, mientras mi vida profesional es terriblemente... estable y dentro de ciertos limites previsibles, mi vida personal es un caos de colores, una voragine de sensaciones, una constante aventura. Una me lleva a la otra, de tal forma que cuando quiero estabilidad vuelvo a "casa" y cuando quiero vivir huyo de allí.
Sabiendo esto, a nadie sorprenderá si le digo que amo mi trabajo con pasión. Que la disciplina militar y sus virtudes son parte de mi naturaleza, y una parte de la que me siento no poco orgulloso. Si bien para algunas cosas soy muy poco serio, con las cosas de la milicia poca broma tolero. Y si eso es así normalmente -hoy le dije a una mujer que me intimidaba estar de uniforme, porque representaba a una institución-, en la instrucción militar es especialmente.
¿Qué tiene de particular la instrucción militar? En Marina hacemos orden cerrado. Desfile, movimientos. Todo muy sencillo, muy mecanico. Izquierda, ar. Variación izquierda, ar.
La instrucción militar es mi sacramento de la milicia.
En ningun aspecto de la vida militar -excepto en la clase de educación física con d. Luis y d. Roberto- se demuestran más claramente las virtudes castrenses. Fé. Disciplina. Valentia. Compañerismo. Una brigada que desfila unida, que marcha en silencio, que permanece firmes impresiona. Intimida. Así como en la correcta ejecución de los movimientos, el entusiasmo, la tensión, se palpa una cierta celebración de la condición de militar. Yo cada vez que he desfilado con la brigada y ha salido bien, cada vez que hemos cantado, que hemos... me he sentido extatico. Es como un concierto. Es una forma de presumir de lo que eres, de gritarlo al mundo.
Por eso me molesta que no se lo tomen en serio. Entiendo que este es un mundo donde hay de todo y que, probablemente más por desgracia que por suerte, mucha gente cose ropa cuando lo que quisiera es ser albañil. Eso también se aplica aquí. Hay gente que entiende la superficie de las cosas pero no su núcleo y yo convivo con muchos así. Muchisimos. Pero yo considero que la religión de cada uno es algo muy privado y meterse en ese terreno de extremo mal gusto. Si ellos no creen, no lo viven... es cosa suya. Pero al igual que yo no entro en una mezquita a decirle a nadie "para mi que les están dando coba", no consiento que nadie venga a joderme mis celebraciones. Que si bien hay un momento para cada cosa y una cosa para cada momento, la instrucción militar NO es el momento para bromas.
Bueno, tenía que decirlo para quedarme a gusto. Y no puedo terminar sin dedicarle un guiño a mi gastadora favorita, cuya voz, nitida y un puntito afilada, me puso el pelo de punta a pesar del frío. Y ya puestos a hablar de estas cosas, dedicarlo también al Comesquad, d. Sergio, paradigma de virtudes militares y un caballero español de los pies a la cabeza, allá muy muy arriba. En las FAS, los gastadores son los que abren el desfile y es una posición de no poca responsabilidad y honor. Pero ellos no preguntan que ventajas tienen por ello, ni piden nada que no les correspondan, ni levantan la voz para hacer otra cosa que no sea gritar ordenes y asegurarse de que las cosas se hacen como deben. Sin aplausos, sin bromitas, sin aspavientos. Militares y orgullosos de ello y a mi, ocasional testigo de sus trabajos, me llena de un cierto calor verlos. Porque siempre es bueno que haya gente que sepa quienes son y nos lo recuerde a los demás.

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