miércoles, 20 de febrero de 2013
Furia y frio
Llevo unos cuantos días leyendo sobre sajones y vikingos. Tema interesante e inspirador. La mitologia nordica, tan llena de salvajismo, crueldad, ternura e inspiración, me recuerda tanto a esos cuentos que leía de niño que para mi son casi algo infantil.
Aquí arriba hace frío. No quería ponerlo, pero desde que empezó el curso no sé que es que me abrace una mujer. Con la honrosa excepción de Sir Joey, tampoco sé lo que es tener un amigo. Y el frío quema. El frío se te mete en los huesos y te los envuelve, tuetano gris recubierto de escarcha que la forma verde. El hierro se te mete dentro y sientes la lengua picante, agridulce, rabiosa. Te vuelves más duro y más fragil, y sabes que una caricia te puede romper, pero a la vez sabes que cortas carne, tendón y nervio. Sabes que eres fuerte y que nada te puede parar, salvo lo que tu elijas que te pare. Sabes que, si nada atraviesa tu guardia, puedes pintar el mundo de fuego e ira.
Y quieres. Lo quieres con una pasión hermosa. Como un niño que disfruta haciendo daño, deseas vengarte del universo, pegarle fuego y verlo arder. Estás aburrido de medir, aburrido de escuchar, aburrido de sentarte. Quieres correr y enseñar los dientes, que un monstruo más grande que tu te tumbe y te obligue a enseñarle la garganta o destriparlos tu. Quieres hundir tus manos hasta el codo y sentir las pulsiones de la sangre, que surge a borbotones y te empapa. Quieres reír a carcajadas bajo la lluvia, quieres ser feroz y salvaje. Quieres ser libre.
Pero sabes que es un sueño. La disciplina prusiana ruge y formas filas, en silencio. Entierras tus deseos, entierras tus anhelos, entierras tu pasión. En la superficie quedan los sueños, las fantasias a las que te agarras como un naufrago a una tabla, sabedor de que si te separas de ella ya no te quedará nada y surgirá el animal. Porque cuando te roban el orgullo, ya no queda nada y dejas de ser tu y pasas a ser tu sombra. Una sombra disciplinada y orgullosa, una sombra cumplidora pero una sombra resentida, oscura, sucia, y mientras el tuetano se pudre en tu interior, tus dientes amarillean y tus ojos se entrecierran cada vez más, sientes la furia asentarse y crecer.
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