domingo, 10 de febrero de 2013
Está sobrevalorado
Hace unos años planteé algo que aún hoy escandalizaría a algunos compañeros míos. Me parece mucho más infidelidad que alguien me diga "voy a contarte esto, que a mi novio no puedo" a que esa persona se acueste conmigo. Al fin y al cabo uno es un acto del espiritu, de confianza y de conocimiento, mientras que el otro es un mero acto físico que, dependiendo de la persona y del momento puede ser una comunión del alma o un deporte un tanto neumatico.
El título de este artículo viene por algo que me dijo un día una compañera, precisamente, y me hizo arquear las cejas. Mi compañera es tan heterodoxa como yo y me resulta sumamente refrescante hablar con ella. Hoy tuve un problema con una chica, precisamente intentando explicarle mi forma de pensar. Como yo banalizo el sexo y las relaciones, precisamente por ese carácter nomada y eventual que tiene mi vida y mi forma de ser. Pero lo curioso es que, si bien banalizo el sexo, no considero que con eso banalice mis sentimientos hacía la gente ni la profundidad de mis sensaciones. Yo creo en el respeto a uno mismo y en el respeto al mundo, y considero que parte de la extensión de ese respeto es ser sincero. Llamar a las cosas por su nombre y no tener miedo de equivocarse, así como asumir la responsabilidad de los actos.
Ya dije en cierta ocasión que yo no creo en el matrimonio. ¿Por qué? Porque el matrimonio consiste en ponerse un collar en torno al cuello y, haciendo eso, eliminamos nuestra parte de responsabilidad. Del mismo modo, cuando elegimos serle fiel a una persona, negandonos a liarnos con otras, estamos depositando nuestra responsabilidad en otros. Yo no creo en ello. Considero que es mejor decirle a alguien "quiero más a otra persona que a ti", que decirle "le debo respeto a mi pareja". Quiero poder plantearmelo, dudar. Quiero aprender cosas de esa duda, porque no es más que cuando nos hacemos preguntas y preguntamos que aprendemos. Si lo sabemos todo, ¿entonces para qué perder el tiempo queriendo aprender? Sigamos.
Así pues existen conceptos como fidelidad que lo que realmente esconden es miedo a las preguntas. Y no me gustan. Considero que están sobrevalorados o quizás mi actitud es demasiado libre y eso da miedo. Pero estoy contento con mi forma de ser y me gusta saber que hay otra gente como yo ahí fuera. Y aunque a veces no me entienda nadie, en el fondo sé que yo sí me entiendo. Y con eso debería de bastar.
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