miércoles, 27 de febrero de 2013

Say farewell to your hopes


Hoy, en la primera de estas dos semanas engarzadas en las que contemplamos la renuncia a toda forma de vida no espiritual, tendremos un nuevo episodio de "te quiero como amigo". Pero como dijo Jack el destripador, vamos por partes.

Para empezar,  hablaremos de ella. He pensado si preguntarle si llegaremos a ser amigos a medida que pase el tiempo y nos separemos. Dos cosas me impiden hacerlo. Una, mi resistencia a ponerle nombre a las relaciones, porque en el momento en que identificas algo ese "ente" se estabiliza y renuncia a su potencialidad para convertirse en un acto o hecho. Y yo prefiero vivir en la incertidumbre, la verdad. Soy un bicho de sombras. Dos, la casi certeza de que la respuesta será negativa. Durante bastante tiempo me he preguntado porqué habla mal de ella gente a la que no le hace nada y ahora creo que tengo una idea. Es esa fortaleza de carácter, esa seguridad, lo que intimida a la gente y hacen que ataquen antes de ser sobrepasados. ¿Qué soy para ella? Nada. Un chico que escribe bien. Y antes que preguntar y recibir la respuesta que tengo casi seguro recibirla, dejo que el tiempo pase. Carlos me acusaba hoy de echar balones fuera, lo cual es cierto que es una de mis tacticas más comunes. Curiosamente, fue Vicen el que me impidió usar esa tactica con la adolescente y en esa ocasión salió bien. Claro que posteriormente Sergio me dijo que "hay veces en que merece la pena complicarse la vida por algo" y ahí no me salió tan bien, con la misma protagonista.

Precisamente a proposito de ella, viene la segunda parte. Y es que no podemos evitar ser lo que somos. Yo estoy comportandome como un adulto y me gusta. No se me da mal y emocionalmente es bueno. Pero me gusta jugar. Me gusta sacar la lengua y pelearme y ser un niño. Y para poder jugar a ser un niño uno tiene que tener esa capacidad para olvidar, para tomarse a uno mismo en serio, para no preocuparse de nada. Así que lo siento pero seguiré jugando.

De eso quería hablar también. Hace tiempo discutía con Luis sobre "no es mi tipo". Porque yo no creo que haya "tipos". Yo creo que existen tendencias. A veces somos más afectivos, a veces somos más solitarios, a veces somos más inseguros, a veces somos más... en cambio Carlos opinó que para las mujeres si hay tipos. Ellas tienden a ser más constantes, probablemente porque buscan seguridad. Se agarran a un rol y lo desarrollan y ese rol, ese arquetipo, es su definición. Nosotros desarrollamos una bateria de personajes, ellas se especializan. Por supuesto esto es una generalización ridicula, porque los aspectos masculinos y femeninos existen en cada uno de nosotros y a veces son más presentes uno y a veces más otros. También existe el factor cultural, que lo hace todo aún más divertido. La cuestión es que, un poco a mi pesar, tengo que reconocer que la cuestión de definición de conceptos o lenguaje, como he definido alguna vez en este blog, desarrolla arquetipos con los que nos alineamos. Y eso hace que, por mucha voluntad que le echemos, nuestra propia personalidad nos limite. Y que hablando de arquetipos, el arquetipo que se entienda conmigo raramente va a aparecer en mi entorno de trabajo. Mi entorno de trabajo espanta a la gente que piensa como yo, y si no fuera por la casualidad y mi gusto por la paradoja dificilmente estaría enamorado de una faceta de la vida tan curiosa como esa.

Por ultimo quiero hacer un apunte curioso, que fundamente esa idea de decir farewell a mis hopes. Siendo como soy, un espiritu libre, es comprensible que si no me encontrara tan sometido al curso apenas daría a basto para todas las cosas que quiero hacer. Siendo como soy y entendiendo que la chica que me guste tendrá una actitud parecida a la mia, es natural que esa chica no tenga tiempo para mi. Porque probablemente también estará liada leyendo, estudiando, viajando, conociendo, jugando, como para dedicarme el tiempo de niñera y la atención que yo necesito en esta fase de mi vida, en la que necesito tantas cosas como el aire para respirar. Así que, dado que ya sé que nadie me va a salvar, lo mejor que puedo hacer es encogerme de hombros y seguir adelante. Porque quién nada espera nada teme, y mientras haya libros y cosas que hacer ya me encargaré yo de irme motivando para avanzar.
Buena suerte, gente. Van tres días de catorce y parece que nos mantenemos en pie. A seguir.


P.D: Existe un efecto secundario curioso de ser fuerte. Nadie te pregunta nunca como estás. La gente está acostumbrada a que estés siempre bien, a que tengas tu la iniciativa. Así que, si tu no mueves ficha, nadie lo hace. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario