viernes, 1 de febrero de 2013

Llueve


Llueve como si no hubiera un mañana, por dentro y por fuera, y yo me río. El viento sacude el poco pelo que me dejan tener, rasca las marcas de la cuchilla de afeitar y me entra debajo de la marinera. Los pies chapotean en el agua, chof chof, y el mundo se convierte en una sabana gris que llega hasta donde alcanza la vista.
Me encanta esto. Me encanta la sensación de invierno, ver la lluvia desde mi ventana, escuchar musica o simplemente no escuchar nada. Cerrar la puerta a mi espalda y dejarme abrazar por las paredes pastel, los posters, el reloj de carrillón del vecino, toc toc, que cada hora me recuerda que sigo vivo y tengo cosas que hacer. Los macarrones se calientan en la olla, que lanza un aroma delicioso que espero embargue toda la casa y se hunda dentro de mi alma.
¿Qué novedades nos traerá la semana? Se cae otra hoja del calendario y un mes sucede a otro. Yo sigo persiguiendome a mi mismo, aprendiendo a tomarme las cosas con calma, metiendo la punta del pie para asomar la cabeza y retrocediendo aliviado al darme cuenta de que no pasa nada. Haciendome preguntas que a veces encuentran respuesta y a veces no, viendo los toros desde la barrera, rodeado de desconocidos. Y de repente, tranquilo.

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